domingo, 19 de marzo de 2017

Ni lobo ni perro: Colmillo Blanco


Uno de los principales responsables de que haya percibido cierto progreso a la hora de saber qué quiero encontrar una novela es Jack London. Pero también gracias a él he contestado diversas preguntas sobre mi misma que imaginaba que quedarían sin respuesta más tiempo. Esas respuestas a veces han sido dolorosas, causantes de intensos ataques de ira que han logrado hacerme enloquecer por unos instantes, pero también hay ocasiones en que las respuestas han resultado ser esperanzadoras, llevándome con frecuencia a desear la sencillez de una vida que, en realidad, me resulta inalcanzable. Siempre me da la sensación que las contestaciones que London emite a sus lectores sobre la vida y las experiencias referidas a ella permanecen imbuidas de una sincera tristeza que surge de la incapacidad de conocer cómo nutrir el barro seco y agrietado del que están compuestos una minoría de sus acólitos. Este sentimiento es el mismo que experimento cuando analizo con profundidad algún aspecto de mi carácter y creencias tras interpretar sus palabras, y entonces sé que es demasiado tarde para moldear algunas partes de este trozo el barro que constituyo. Continuamente, London emite en Colmillo Blanco que aquellos que son enemigos de nuestras respectivas especies deben vivir lo mejor que puedan con esta certeza, y que esto en ningún caso ha sido por elección. Tampoco existen posibilidades de evitar el trauma a aquel que percibe con mayor habilidad que el resto del reinado de los hombres de que a este mundo se viene a sobrevivir, y la mayor parte del tiempo estamos solos en la selva. También London, un antiguo «dios de carne» convertido ahora en polvo, fue un enemigo para la gente de su tiempo. Buscó al igual que todos una forma de escapar de esto hasta el fin de sus días, pero sin lugar a dudas comprobó que no existían soluciones atemporales y efectivas para cesar esta lenta destrucción avocada a la locura pero que, cuerdos o locos, terminará por arrojarnos a todos a las fauces de la muerte. Y es que London siempre acaba imponiendo en sus historias la visión materialista en la que, miserables o mártires, todos convergeremos al mismo punto. Perfectamente sabemos, o conocemos, que tenemos un final común en este espacio construido sobre el gran Tiempo, así que ¿a caso algo de lo que he dicho importa? ¿A caso creéis que voy a caer en la necedad de aceptar el bárbaro idealismo que domina nuestros días, o en el desfasado espiritualismo de los viejos tiempos? Señores, yo digo que sigamos caminando a luz de gas en la oscuridad hasta que el fermento cese de serlo.
El mundo no era todo libertad, para la vida había ciertas limitaciones y restricciones. Estas limitaciones y restricciones eran la ley. Obedecerla era evitar el dolor y buscar la felicidad […]clasificó las cosas que dolían y las cosas que no dolían. Y después de aquella clasificación evitó las cosas dolorosas, las restricciones y los frenos para disfrutar de las satisfacciones y las recompensas de la vida”Pág. 75. 
En Colmillo Blanco, el autor analiza de manera minuciosa a través de la vida de un híbrido entre lobo y perro diversos aspectos de existencia de los seres, desde el miedo y la fascinación hacia aquellas cosas desconocidas y salvajes del exterior hasta la adquisición de la consciencia de individuo junto al dominio de inclinaciones naturales y deseos primigenios que el mestizo se niega a si mismo por otro instinto más poderoso, el de la lealtad, aquella que le une a los dioses compuestos de carne, envases de gran poder y odio, llamados seres humanos.
Reconozco que ha sido una lectura muy intensa de principio a fin, pues la evolución de Colmillo como individuo y todas las certeras verdades que el autor lanza respecto a su existencia no dejan de ninguna manera indiferente, un efecto que a mi entender debe resultar más impactante en la adolescencia. Pero la historia de Colmillo Blanco en realidad se inicia mucho antes de que el mestizo exista, antes incluso de que el instinto de reproducción aparezca en un viejo lobo endurecido por la vida y una perra que ha escapado de los indios. Así, London presenta en la primera parte a los futuros padres de Colmillo cuando, famélicos, echan al traste junto con otros lobos una expedición de dos hombres en las vetustas e ignotas arboledas de Canadá. El rastro de la carne es un capítulo muy interesante a distintos criterios narrativos y, además, es el que considero más revelador de esta primera parte gracias al impresionante despliegue descriptivo con el que London hace experimentar al lector la insignificancia de los seres vivos en un entorno hostil y desconocido que cada segundo lucha por devorar la vida en movimiento porque la detesta, porque para este otro tipo de vida la nuestra es extraña, anormal e indeseable.
No es necesario realizar ningún esfuerzo para creer en tales dioses [los seres humanos]; ningún esfuerzo de voluntad puede inducir a la falta de fe. No hay forma de huir de ellos” Pág. 109.
Podemos considerar la primera parte de la novela como una especie de relato, ya que a mi criterio funcionaría muy bien de manera independiente. Luego es donde yo considero que empieza el hilo narrativo que nos ocupa, es decir, el referido al cánido. En la segunda parte es cuando London deja de centrarse en lo general para pasar a lo concreto, la disección de los sentimientos de los lobos y sus respectivas conductas destacando siempre el papel que desempeñan cono individuos en manada o la estructura que nosotros calificamos de familiar. El autor empieza a hablarnos de la consciencia, un tema apasionante que, irónicamente, me resulta interesante desde cualquier perspectiva filosófica, siempre que esté bien expuesto, obviamente. Y, en este caso, como no podía ser de otra forma en London, es desde la perspectiva materialista. Enseguida aparece en instinto de individualidad en el pequeño Colmillo, y se descarta al mismo tiempo cualquier pensamiento intangible que no esté estrechamente relacionado con lo cognoscible. En ningún momento de la novela Colmillo se pregunta quién era antes de nacer o qué será después de morir, ya que tampoco sería lógico teniendo en cuenta el casi inexistente nivel de humanismo del animal. Aprovechando al límite la naturaleza de su protagonista, London explora los distintos juicios a través de la tercera persona, opiniones irrefutables que podría emitir cualquier materialista de la época del californiano, solo que este último lo combina con su precioso estilo y maestría a la hora de analizar sensaciones y sentimientos, logrando un grado de realismo apabullante.
La vida vive de vida. Se encontraban los que devoraban y los que eran devorados. La ley era: devorar o ser devorado. Él no formulaba la ley de forma tan clara ni establecía los conceptos ni moralizaba. Ni tan siquiera pensaba en esta ley; tan sólo vivía la ley sin pensar en ella” Pág. 92.
En la tercera parte de la novela es la más trabajada, sin embargo, la que más me gustó a mi fue la cuarta, y ahora comentaré el porqué. Cuando la vida en el bosque se hace insostenible, Colmillo Blanco se integra en un poblado indio nómada en el que descubre con más profundidad algunos sentimientos que ya había conocido en sus primeros paseos buscando alimento y diversión, pero otros muchos sentimientos, sobre todo los negativos, los adquiere por primera vez entre los aborígenes. Apunta London certeramente al principio de la tercera parte que los seres humanos son lo desconocido materializado en carne y hueso. Los dioses de carne ejercen su voluntad sobre los débiles, porque la realidad es que consideramos a los animales herramientas o artilugios que podemos destrozar, pisotear y golpear cuando es necesario para seguir viviendo nosotros. Colmillo sabe perfectamente que renunciando a una parte de él y dejando que la posea su dueño indio, Castor Gris, está procurándose más posibilidades de sobrevivir que en el bosque, ya que hay más posibilidad de supervivencia entre aquellos que tienen que elegir una razón para destruir una herramienta que en la selva boscosa, a la cual no le importa que la vida en movimiento muera, de hecho lo desea, porque al devorarla perpetua su ciclo de la vida.
A. Ayerbe

El mundo se muestra cruel, feroz y mortal para Colmillo Blanco, no se puede cambiar aquello que ha nacido para para destripar, comer y seguir corriendo. Es la ley natural de los seres vivos, así que Colmillo acepta esta certeza sin saberlo, y se une a la matanza porque no hay elección; lo único que puede hacer es ser el mejor según lo que el medio le ofrece. Finalmente, Colmillo Blanco se convierte en el perro más fuerte e inteligente de todo el asentamiento, eliminando de forma gradual todas sus debilidades. Al final de la tercera parte es un perro violento, solitario y hosco que se mueve por pura inercia de vivir; no conoce el amor, e incluso la paz es un concepto ajeno para él. La lealtad solo permanece dentro de él porque con ella puede acceder al calor de una buena hoguera, grandes dosis de carne y la venganza satisfecha al llevar ocasionalmente un derramamiento de sangre de sus viejos enemigos de la infancia.
Para las criaturas simples, el bien y el mal es algo que puede ser entendido con facilidad. El bien se encuentra en las cosas que reportan comodidad, satisfacción y la superación del dolor. Por tanto, a todo el mundo le gusta el bien. El mal se encuentra entre las cosas que están ellas de dificultades, amenazas y dolor, y es repudiado en consecuencia” Pág. 167.
Así llegamos a la cuarta parte, en la que se produce un cambio en el origen del poder al que le debe lealtad Colmillo Blanco. Es en estas páginas cuando vemos la humanidad más corrompida, donde con mayor facilidad comprobamos que el ser humano utiliza todo lo que está vivo y puede matar para sus innobles beneficios, que ahora van más allá de la supervivencia. London hace una tremenda crítica al maltrato animal desde una perspectiva novedosa y rompedora para la época. Lo más parecido a lo que London realiza en la cuarta parte es la novela Belleza Negra de Anna Sewell, donde la autora realiza una gran labor de concienciación hacia los pésimos cuidados que procuramos a nuestros animales. Pero Sewell escribe su novela intentando cambiar el pensamiento general en un tono amable y sencillo, London nos ataca con brutalidad de Colmillo en las peleas ilegales y sin pelos en la lengua, nos llama de todo a los seres humanos mediante el personaje de Guapo Smith, y luego hace su crítica airada. Intenso, auténtico y único; ese es el maldito Jack London y sus magníficas historias.
Geoff Taylor

Con la culminación de la brutalidad entra en la historia el buenazo de Weedon Scott, y con él esta adopta un cariz más amable y tierno, y es por otras cuestiones que la quinta parte se convierte en mis páginas predilectas. Como con El lobo de mar, me pasa que siento que las cosas podrían haber desembocado en un punto más dramático, pero London prefiere mantener un dramatismo medio hasta el final a riesgo de excederse demasiado. Esto no me parece mal, de hecho para mi es preferible que quede así a romper todo el drama con un exceso del mismo, y es digno de admirar cómo Colmillo Blanco mantiene siempre una regularidad en la intensidad dramática. En la última parte se produce una deconstrucción, aunque London no cae en la absurda idea de que el barro puede volver a moldearse con la misma facilidad cuando ha pasado tanto tiempo seco. Esa idea la mantiene presente hasta el final, y me pareció el broche perfecto para cerrar una vida tan inolvidable como la del mestizo.
Para mi Colmillo Blanco es una novela que habla de aquellas cosas que nos causan incertidumbre a los seres humanos, y de aquellas que a los jóvenes nos trae especialmente de cabeza. Algunos no sabemos qué nombre poner a estos extraños pensamientos, pero están ahí, retándonos, y alguna a vez han sido la causa de más de una noche en vela. Por eso animo a profesores y padres a que hagan el favor de que sus hijos lean esta novela para que las preguntas que se formulen nuestras próximas generaciones no queden sin respuesta. ¡No veo el momento de recomendarle a mis futuros hijos que lean a Jack London! Cada tema de Colmillo Blanco sigue siendo de interés actual, y con más de cien años a sus espaldas no ha envejecido ni un pelo.
Y durante todo aquel tiempo, la loba permaneció sentada sobre sus ancas sonriendo. La batalla la alegraba de alguna extraña forma, ya que aquello era el amor en lo salvaje, la tragedia del sexo del mundo natural que era tan sólo tragedia para aquellos que morían. Para los que sobrevivían no era una tragedia, sino un logro y un éxito” Pág. 52.
Si sois los que como yo no teníais pensado leerla jamás, os prometo encontraréis una historia de la que podréis sacar grandes enseñanzas para afrontar el día a día con más sencillez y humidad, y que, cuanto menos, os hará reflexionar. Aquello que siempre deberíamos buscar en la literatura.
Nos vemos 💜.
portada: foto del maravilloso félix rodríguez de la fuente y un lobo

8 comentarios:

  1. Tengo malos recuerdos con esta novela. En el colegio me obligaron a leerla y a mí no me gustaba, me parecía aburrida y cansina y no quería seguirla, pero me presionaron y creo que llegué a la mitad. Luego vi la película y tampoco la disfruté mucho, sólo por el perro, porque me encantaba, pero de alguna forma ya tengo una muesca con esta novela que dudo que pueda quitarme de encima. No obstante, los tema que trata me parecen muy interesantes. De hecho, esa exploración de la condición humana y de nuestra naturaleza a través del mundo animal suele llamarme siempre la atención en cualquier formato narrativo (hay una película llamada "El último cazador" que te recomiendo ver si no lo has hecho ya), y puede que en algún momento vuelva a darle otra oportunidad a Colmillo Blanco.
    Quién sabe :-)

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    1. Gracias por comentar, Laura ^_^. No sé a qué edad te obligarían a leerla, supongo que entre 12-16 años ¿no? Creo que también es una novela que los chavales deben leer en clase o con los padres y, sobre todo, comentarla. Tú les metes esta novela a los críos para que se la lean en 3 meses, y se la leen el último día y no les gusta, porque es solo una obligación, un paso que se requiere para aprobar. A mi me dijeron que me leyera Jane Eyre en 1º de bachillerato y no me la leí, porque no tenía una razón para leerla como un año después.
      A los niños hay que explicarles porqué se deben leer ciertas cosas a sus edades, y motivarles. Yo estoy segura de que no me hubiese gustado si no supiera lo que hay detrás de determinados juicios que emite London. Muchas cosas las comprendo porque por desgracia las he vivido, pero los chavales de Occidente de 12 a 16 en la actualidad pocas veces han vivido la brutalidad de ciertas cosas que London plasma en Colmillo Blanco. Es necesaria una interacción entre padres y los hijos, o entre los profesores y los alumnos. Estoy segura de que son capaces de comprender mejor que yo y muchos adultos, y de evitarse sufrir, o sufrir menos, por diversas cuestiones de la vida si leen bien este libro.
      Yo te recomiendo volverlo a leer pensando que se trata de un libro diferente al que te obligaron leer, esa esencia primordial que siempre está presente en cada línea del relato es maravillosa.
      ¡Sé cuál es! Me la descargaré y la veré :)
      Un beso <3

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  2. Con esta novela descubrí yo a Jack London, te confieso que cuando la leí, no reflexioné tanto como lo has hecho tú en la reseña, que por cierto cada vez te superas más querida, pero sí me gustó mucho esa crítica al trato que los humanos damos a los animales....creo que incluso se me escapó alguna lagrimilla furtiva con la lectura... Con la película lloro siempre, no me preguntes por qué...
    Tendría que hacer una relectura del libro para poder estar a la altura de comentar tu reseña, pero en cualquier caso, me sumo a tu petición y es un libro totalmente recomendable ya no sólo para que nos demos cuenta de la importancia que tiene cuidar y valorar el medio ambiente y el mundo animal sino las reflexiones que nos deja London a través de este viaje...
    Como siempre me voy de aquí un poquito más sabia ;)
    Un besotee reina!

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    1. London conciencia de manera muy inteligente, yo misma he hecho autocrítica gracias a él...y es difícil que yo haga autocrítica hasta tal punto, me cuesta mucho entender ideas que siempre he odiado, que he considerado hasta hace escasos años hipócritas y sin fundamento, como el trato a los animales y el por qué el veganismo es beneficioso para ellos y, en segundo lugar, a nosotros. Por eso me encantaría que más gente leyera ahora a London, porque es actual y fresco.

      Es normal que te entristeciera, porque lo que le pasa a este animalito...duro, muy duro. ¡Pero al fin y al cabo esa es la realidad de muchos animales actualmente! Hay una parte de su sufrimiento que podemos evitar, pero otras no. Aunque seamos dioses de carne para gran parte de la fauna terrestre no somos omnipresentes ni somos buenos, y tampoco hemos evolucionado para paliar el dolor a ningún ser de este mundo. A este mundo se viene a sobrevivir, pero es importante recalcar que se viene a sobrevivir intentando producir el menor numero de incordio posible. Así veo yo mi existencia en 2017, como un gran limbo de oscuridad donde camino prácticamente a ciegas, y en el que intento no chocar con ningún ser humano. Es la soledad, ese concepto sobre el que tanto se ha filosofado, lo único que puedo considerar una compañera.

      Me alegro de que yo, una doña Nadie, te haga reflexionar un poquito ^_^ Un besito querida.

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  3. ¡Hola! Tengo intención de leer este desde que leí The call of the wild, de hecho, venía gratis el ebook en inglés en una app y traté de leer las primeras páginas pero en ese entonces ya te imaginas el desastre que fue yo tratando de leer a London en inglés cuando apenas empezaba xDD
    Me ha gustado mucho tu reseña y las reflexiones que haces, espero que cuando lo lea me deje tanto como te ha dejado a ti.
    Cosas que mencionas de este, como la naturaleza de los humanos y lo que es capaz de hacer a seres indefensos sólo pensando en su propio beneficio también están en The call of the wild y me ha sorprendido enterarme de una cosa, por lo que cuentas de este libro y comparando con The call of the wild, el viaje es al revés, mientras que en éste va de lo salvaje a una especie de domesticación en The call of the wild, Buck es un perro domesticado y su vida va cambiando hasta alcanzar, casi, el salvajismo de sus antepasados. Muy curioso.

    Gracias por otra maravillosa reseña.
    Besitos querida.

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    1. Pues Mercy, ahora estoy leyendo The call of the wild y es maravilloso. Pensé que sería muy inocente y plano en comparación con este y...madre mía, madre mía. ¡Debes volverlo a intentar! O, al menos, en español. ¡Qué maravilloso despliegue de medios hace este señor en todas sus historias! Quedan irremediablemente dentro del corazón, o de la mente. Sí, mejor de la mente.
      Creo que me está gustando más la historia de Buck porque mi viaje también parte del hogar a lo recondito, lo ignoto, lo que jamás ha sido hollado. No me refiero a un viaje físico, no...ojalá; es un viaje por la mente de mi zona de confort a lo que me da miedo. ¿Sabes? Un día me gustaría sostenerme sobre mis dos piernas, ser capaz de no depender de nadie cuando emita una opinión y cuando sobreviva en este incomprensible mundo. Supongo que ensalzo las virtudes del individualismo porque por desgracia he tomado consciencia de lo esclava que he sido de demasiada gente que el único sentimiento que les profeso es una servil gratitud. Ojalá un día esa servil gratitud se convierta en un sincero agradecimiento por los pocos recuerdos buenos que tengo de mi juventud.

      Un beso querida Mercy <3

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  4. Hola
    Yo no he leído la novela de Colmilo blanco pero nunca me ha llamado la atención. No creo que sea un novela mala, pero es que a mi los libros y películas sobre lobos nunca me han gustado, siempre de pequeña, me han provocado pesadilla.
    Pero me he leido tu reseña entera. Buen análisis de la novela.
    Un saludo

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    1. Hola Eleia :) A mi la verdad es que el que el el protagonista sea un cánido me da igual, lo que importa es el mensaje que London transmite. Pero lo entiendo.
      Te confieso que a mi no me gustan mucho las novelas de corte romántico, fue un trauma descubrir durante la adolescencia que los hombres no son esas criaturas tan desprovistas de maldad injustificada de ese tipo de ficciones. No es comparable a tus terrores infantiles pero...¡lo entiendo!
      De todas formas pienso que deberías darle una oportunidad a London, aunque sea a sus historias con protagonistas humanos, véase El lobo de mar (sí, siempre recomendaré esa historia xDD)
      Un beso <3

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