domingo, 30 de abril de 2017

Hablemos de El cuento de la criada (01x01-01x03) ······CON SPOILERS······



El cuento de la criada de Margaret Atwood fue una de mis mejores lecturas de 2015, y a día de hoy sigue constituyendo una de mis novelas favoritas. Por aquel entonces resultaba poco probable que se hiciera una adaptación a la gran pantalla, porque de hecho ya había una. Sin embargo, en este mundo a veces acontece alguna serendipia, y a finales de 2016 nos dieron la maravillosa noticia de que habría serie de dos novelas de la señora Atwood: El cuento de la criada y Alias Grace. Ante esta perspectiva, y conociéndome, fui cautelosa y me mantuve alejada de cualquier noticia o avance (a excepción del tráiler final) de la adaptación de El cuento de la criada. En incontables ocasiones me ha sucedido que por ir con exacerbada ilusión a ver una obra producida en este siglo he acabado cayendo en una sensación de decepción, y no quería que éste fuera el caso.
Así que llegamos a la noche del 26 de abril, en la que caliento la pizza de jamón york y queso en el microondas y me dispongo a cenar mientras veo el primer capítulo de El cuento de la criada con mi compañero. Francamente, estaba nerviosa. No porque no confiara en el elenco, sino porque no sabía muy bien si estaba capacitada para ver la traslación de ciertas imágenes del libro a la pequeña pantalla. Aquello ya no iban a ser escenas sugeridas por mi imaginación mientras leía, moldeables para que el impacto fuera menor. Ahora debía enfrentarme con una versión de la novela que no era la mía, ni la original de la autora. Era la adaptación de Margaret Atwood, Reed Morano, Bruce Miller e Ilene Chaiken. La serie tenía un poder sensitivo sobre mi que no podía controlar ni evitar; las emociones se desbordaban por doquier.
Para aquellos que se hayan aventurado a averiguar mis primeras impresiones sin temor a conocer información por anticipado porque no saben mucho de qué trata la novela o la serie, voy a hacer una breve sinopsis sin destripar nada relevante de la trama. Más abajo hablaré de cada capítulo largo y tendido sin cortarme un pelo.

En un futuro inmediato, Estados Unidos ha caído bajo una dictadura facista fundamentalista cristiana que retorna, hasta cierto punto, a los valores puritanos más tradicionales. La sociedad ha quedado dividida, y podemos distinguir en ella dos grandes grupos: amos y siervos. Por una parte está la élite del país, los Comandantes, principales ejecutores de los poderes políticos y controlar la economía. Pero para que estos hombres blancos puedan mantener ese rango en la sociedad hay detrás toda una organización jerarquizada por ellos mismos, donde podemos distinguir cuatro clases sociales: Esposas, Obreros, Marthas y Criadas. Las Esposas cumplen la función de regir el hogar, el resto de sus obligaciones son cuasi decorativas; los obreros trabajan para los Comandantes, sin posibilidad de renunciar al puesto que se les ha asignado; las Marthas son las encargadas de las tareas domésticas más laboriosas, como limpiar y cocinar; y por último las Criadas, cuya función es dar a luz a los hijos de los Comandantes que estén casados con una esposa estéril. Defred, el personaje principal, es una de esas Criadas. Desde hace dos años vive con uno de los Comandantes más influyentes del país, y a través de los episodios echaremos un vistazo a su vida antes y después de la implantación del régimen totalitario.
La historia comienza de forma sugerente mediante la persecución de una familia. No sabemos por qué está sucediendo todo aquello, y por eso centramos nuestra atención en lo que acontece. Es usual el empleo de esta técnica para mantener la atención del espectador desde un primer momento, así que durante el segundo revisionado me fije más en otros elementos que me gusta desentrañar a posteriori. Uno de ellos es el empleo de ciertos aspectos ajenos a la interpretación de los actores para darnos una intuición de lo que está sucediendo o puede suceder; en otras palabras, me centro en el escenario. Nada en esta serie está colocado de una determinada manera porque sí, que eso os quede claro. Massachusetts, lugar en el que se desarrolla toda la serie (y el libro) es una zona poblada de verdura fruto de su maravilloso clima atlántico. Y, sin embargo, el bosque nos muestra su desnudez invernal, ¡qué extraño! Árboles secos, el suelo bañado por hojas muertas y la ausencia total de vida animal. Todos estos elementos forman parte de la atmósfera que se pretende recrear, pero la tensión impresa el silencio pardo y la tristeza que desprenden los colores elegidos dotan a la escena de sensaciones fácilmente perceptibles para el espectador, y no sabéis hasta que punto esto es complejo de lograr esto en cualquier producto visual (o sí, los que estáis en el gremio). Los personajes y el escenario son armónicos porque los primeros transmiten sus sentimientos valiéndose de ese escenario como proyector. En un libro tan introspectivo como es El cuento de la criada me parece obligatorio que la interacción del entorno con los personajes sea armónica, y la serie mima bastante la escenografía porque han cavilado esa posiblidad que yo convierto en una obligación en una historia de este calibre. La armonicidad entorno-personajes vuelve a ser perfecta en las escenas más relevantes de la trama, como dentro la casa del Comandante Waterford, a la que Defred es asignada como Criada, e incluso cuando Defred y Deglen pasean hasta el supermercado, y de vuelta a casa cerca del río. El clima ayuda en gran medida a definir el estado de ánimo de los personajes en una escena, que también es una técnica bastante empleada en el cine. Pero tanto dentro de la casa de Waterford como en las calles residenciales de Cambridge (Massachusetts) hay toda una paleta de colores fríos y oscuros cuya interacción con los personajes es perfecta. Además el efecto que causa se acentúa mucho más gracias a los claroscuros, como los que abundan por los pasillos y habitaciones de la casa del Comandante, o bien gracias a las sombras generadas por las arboledas de las zonas residenciales. Cerca del río, donde más información sobre sus vidas pasadas comparten Defred y Deglen, predomina la luz, que puede contener cierta ambigüedad. La verdad se presenta “al desnudo”, y es más fácil que los Espías puedan ver aquel acto réprobo que llevan a cabo dos mujeres al hablar del mundo antes de Gilead. Vuelvo a repetir, ya para acabar con este punto, que la escenografía está muy estudiada, y que nada está colocado de una determinada manera porque sí, sino que conforma un conjunto de detalles que ayuda a que veamos más claramente las complejas psiques de los personajes.

Y a eso vamos porque, veréis, la introducción de los personajes es muy natural y no ocupa siquiera todo el primer episodio, un aspecto de la trama que agradezco bastante. Casi al instante de presentarnos a los personajes sabemos que no son lo que aparentan ser, pero que al mismo tiempo sí son lo que el régimen facista-fundamentalista ha dictado que sean. Esta introducción de personajes que a la mayoría de series actuales les lleva entre dos y cuatro capítulos, El cuento de la criada lo hace en uno.
Uno de los personajes que más ganas tenía de ver cómo representaban era el Comandante Waterford, ya que como muchos hombres aseguran que los personajes masculinos en esta novela se limitan a ser esbozos, y quería cerciorarme si en la serie continuarían quejándose o qué estos tipos. El comandante sigue el mismo rol en la novela, es todo lo que se espera de él y de su posición, pero sorprende que sea algo más que un hombre influyente, y que oculte algún sentimiento prohibido bajo su rol. En la serie vemos este aspecto a partir de tercer episodio, cuando le pide a Defred que vaya a su despacho a jugar al scrabble. Hablaré en profundidad de la evolución de los personajes más adelante, en concreto de este hombre y sus acciones, pero ya digo que no siento ningún tipo de aprecio o misericordia por el comandante Waterford. Es cierto que no deja de ser un animal domesticado por un sistema neonato, pero es un hombre (blanco) privilegiado que sabe muy bien qué gana al fingir parte de su domesticación, que utiliza para acumular beneficios, los cuales solo le son reportados gracias a su ventajosa posición en la sociedad. Vamos, como sucede actualmente sin la implantación de un régimen facista.
El maravilloso papel de Elisabeth Moss es uno de los mayores regalos visuales que ha proporcionado este siglo, pues resulta un personaje en construcción que me veo incapaz de calificar con adjetivos comunes. Es una luchadora, sí, pero no siempre se mantiene en pie. Es valiente por aguantar y no enloquecer, sí, pero no siempre la valentía está presente, y mucho menos la cordura impera en todos los momentos de su existencia en esta sociedad. El personaje tiene un nivel de complejidad brutal, y como he dicho más arriba, es todo lo que su rol y la sociedad le dicta que sea, tanto por fuera como por dentro. Pero una parte de su yo anterior sobrevive a ese lavado de cerebro por su familia, y al contrario de lo que suele suceder, la familia no viene representada de forma casi idealizada. Los flashbacks están introducidos por una razón que va más allá de una necesidad acuciante de explicar al espectador por qué un personaje es de tal manera. En la vida anterior de June no todo era resplandeciente, también había peleas con Luke y Moira, sumadas al miedo por como el mundo parece derrumbarse con más velocidad cada día. También coexiste junto con estos ingratos sentimientos mucha alegría y esperanza, que ahora aparecen revestidas de melancolía. Como ya digo, nada de la que nos presentan mediante los flashbacks parece irreal o vacío, y es con lo que principalmente me quedo.

Hay otros personajes especialmente potenciales que me gustaría ver con más profundidad en próximos episodios: Deglen, después de la “Redención”, que no es otra cosa que una ablación; Moira, la cual nos informan que ha sido llevada a las Colonias, y no es así; y el chófer de Waterford, que como muchos otros hombres aseguran cuando leyeron el libro, se queda en un esbozo... Y yo que me alegro, pero verás, tu opinión condicionada por aspectos que calificas de “hembristas” me importa bastante poco.
Paso a comentar las escenas que más me han impresionado de estos tres episodios. En el primero ya hay suficientes como para hacer una entrad respecto a estas, pero la principal es cuando les están lavando el cerebro a todas las futuras Criadas en el Cuartel Rojo. Una victima de violación cuenta su testimonio y todas le atribuyen la culpa. Es una escena cruel, repulsiva hasta límites indescriptibles, pero nos da una ligera idea de por dónde van a ir los tiros en los siguientes episodios. Y hay un cameo de Margaret Atwood como educadora, lo cual también me gustó bastante. La escena de sexo con el comandante, la llamada Ceremonia, es bastante fuertecita, aunque me esperaba que la metieran en el primer episodio. Respecto al segundo me gustó mucho toda la parte del parto de una Criada llamada Janine. Tiene escenas muy hermosas, y otras que motivan diferentes sentimientos, en especial repugnancia, como cuando le quitan la hija a Janine. Lo que sucede después me pareció muy hermoso, el momento en que todas se juntan para abrazarla; es mi escena favorita de los tres episodios que he visto. En el tercer episodio la escena en la que cuelgan a la Martha me dejó bastante tocada, y me hizo reflexionar en qué situación vive la mujer actualmente, y si media tanta distancia entre lo que es ahora y que nos cuelguen por un delito menor. La sociedad ya está resquebrajada.

Que El cuento de la criada suceda en Nueva Inglaterra hace que mi opinión sea un poco más parcial, pero es algo que no puedo evitar. Cuando estoy viendo la serie mi mente dice: “Esto está sucediendo en ese lugar que tanto amas, en sus calles, y a esa gente cuyos valores tanto te representan actualmente. Esto podría darse y no podrías evitarlo; esto podría sucederte”. Sí, la serie juega mucho con las emociones, en especial la empatía, ese sentimiento que los humanos cada día brindamos en menor cantidad a nuestros congéneres. Y no me importa, porque soy consciente de que la serie busca la empatía a distintos niveles. Da visibilidad a actrices que pertenecen a grupos oprimidos, aspecto al que estoy inmensamente agradecida; las mujeres tienen una perspectiva feminista de su situación incluso en un mundo en el que esto se considera un motivo para mandarte a las Colonias. Los actos feministas que tienen entre ellas son parte de las conductas en las que un hombre, por mucho que se esfuerce, no puede reparar; esto es gracias a que la serie está hecha casi totalmente por mujeres, como ya era hora. El cuento de la criada busca la empatía sobre todo porque es un recurso con el que pueden hacer que los espectadores se planteen cuestiones más allá de su zona de confort. Y no me importa que den pie a que esto suceda, porque no están jugando en ningún momento con mis sentimientos de una manera frívola como otros productos de este siglo y del pasado.
No oiréis mucho hablar de la adaptación de El cuento de la criada, al menos no tanto como otras adaptaciones. Por desgracia no va dirigida al mismo público, pero a cualquiera de mis seguidores no le niego que merece la pena vuestro tiempo, que es maravillosa, que os hará pensar y que os destrozará porque veréis un reflejo de nuestra realidad actual.
Y esto es todo por ahora.
Sé que todo esto os debe parecer muy raro. Pero lo normal es aquello a lo que nos acostumbramos. Puede que esto no os parezca normal ahora mismo, pero acabará siéndolo. Esto se convertirá en lo normal”. Tía Lydia, episodio 1.

Nos vemos 💜.

viernes, 21 de abril de 2017

Recomendaciones para el Día del Libro 2017















A dos días del Día del Libro me gustaría hacer algunas recomendaciones un poco más variadas que el año anterior. Eso sí, antes que nada me gustaría que disculpáseis mi ausencia en el blog durante todo abril, ya que no ha sido causada por falta de tiempo sino que me encuentro en una profunda mejora de mis habilidades artísticas, lo cual a mi criterio es más prioritario que realizar entradas en el blog, que aportan bastante poco a vuestra reflexión, y que siempre están manchadas de un indiscutible tono amateur. Tampoco he dejado de leer en el proceso, y no os voy a ocultar que ahora estoy inmersa en lecturas que no creo que sean demasiado ilustrativas o interesantes para el público generalista, aunque tampoco es que mi espacio se haya orientado alguna vez hacia este target... y por ello obraré tal cual me parezca, como siempre hago vamos.
En fin, necesito lo que estoy leyendo para mejorar la calidad de mis escritos públicos y privados, para conocerme mejor a mi misma y aportar algo como individuo antes del fin de mi existencia. No voy a negar que este es un acto puramente egoísta, pero para mi ahora es imprescindible adquirir la base filosófica que la educación española no me ha sabido proporcionar. Además, dentro del materialismo, que es la corriente de pensamiento que considero más próxima a mi, hay tantas variantes que abrazarlo entero es como dejar que un gorrón cualquiera se siente en mi mesa a comer de mi plato, ya frugal de por si. Así que expuestas las razones de mis ausencias, y sin más preámbulos, iniciemos este desfile de recomendaciones literarias.













ENSAYO···FÁBULA···MEMORIAS  
Primavera Silenciosa es un breve e importante estudio sobre el impacto de los pesticidas a lo largo de Estados Unidos durante la década posterior a la Segunda Guerra Mundial que no creo que pueda dejar a nadie indiferente. Es cierto que de primeras puede parecer un aburrido ensayo plagado de información técnica que requiera un mínimo de química y biología; nada más lejos de la realidad. Rachel Carson toma como leitmotiv el impacto de los contaminantes inorgánicos, pero no es lo único de lo que habla en Primavera Silenciosa. En las paginas de su texto más afamado deja translucir el profundo desazón que le produce que los seres humanos reduzcan al resto de las especies y sus nichos a meros mecanismos que tienen la función de servir al hombre en sus distintas actividades y, de paso, también hay alguna que otra reflexión sobre la posición del ser humano en la naturaleza muy interesante. Primavera Silenciosa es un texto maravilloso que recomiendo a cualquier persona que sienta un mínimo de inquietud hacia cómo comenzar a tomar conciencia de lo maravillosa que es la naturaleza que nos rodea, y cuan poco la sabemos apreciar.
El viento en los sauces fue la última gran fábula escrita a mi criterio. Se han publicado muchas novela protagonizadas por animales en la modernidad, pero ninguna ha logrado equiparar esta humilde historia, tal vez por eso, por su humildad. Las fábulas contienen un elemento moralizador el cual el lector puede comprender a través de una o una serie de situaciones protagonizadas por unas criaturas que adoptan cualidades humanas sin perder la originaria. Por eso vemos animales u objetos que se comunican a usanza humana pero que físicamente son iguales a sus congéneres más allá de las ficciones. El viento en los sauces no es una novela donde suceda algo realmente, sino que conocemos de cerca la existencia de unos animales que llevan vidas austeras y solitarias, cada cual en su domus y con los problemas cotidianos de siempre. Una serie de sucesos interconectados por una importante decisión que toma Topo en la primavera los lleva a juntarse y a formar una amistad imperecedera. ¿Es El viento en los sauces una novela infantil? Sí, ¿y? Es una novela tan sensible, con tantos niveles de lectura y temas, que jamás pierde profundidad. 
Las ensoñaciones del paseante solitario es último libro que he leído este año, y resultaría mezquino no ponerlo en esta lista después de las sensaciones que me ha dejado. Las ensoñaciones... pertenece al grupo de esas pequeñas joyas que pasan desapercibido en el panorama literario por alguna razón que me esfuerzo en desconocer. Rousseau no solo no es el hombre que yo imaginaba a través de mi libro de historia de educación secundaria obligatoria y bachillerato, sino que además resulta ser un caballero interesante, con un millón de contradicciones y preguntas flotando incesantemente en su mente, un hombre honesto y, sobre todo, auténtico y apasionado. Cometió actos réprobos en su vida, y de algunos de ellos habla en sus ensoñaciones, pero lo más relevante de estas memorias es el mensaje, y cómo el ostracismo social comenzó afectando drásticamente la existencia de Rousseau y cómo, poco a poco, aprendió a vivir y amar la soledad a la que lo habían condenado, hasta el punto de desearla como una compañera más, junto a su eterna amante, la botánica. Estas memorias que escribió para él mismo constituyen un documento íntimo, intenso, lacerante y revelador que recomiendo a cualquier lector con cierto bagaje literario. 










NOVELA···RELATO
Una de las cosas que más detesto que suceda en la literatura es que la obra de Ann Ward Radcliffe esté minusvalorada hasta el punto de que sea considerada una autora de segunda. Por eso este año revindico su labor en la literatura recomendando la mejor novela que he leído de ella hasta la fecha, El italiano. Con un aire a tragedia shakesperiana, Radcliffe narra la historia de Ellena Di Rosalba y Vicentio Di Vivaldi, dos jóvenes napolitanos enamorados pero separados por la fortuna e intereses de la esposa del marqués Di Vivaldi. En la búsqueda de un subterfugio por el que los amantes puedan escapar de sus respectivas miserias y unirse en santo matrimonio, descubrirán que un monje pérfido mueve los hilos de la mente de la marquesa y del destino de la joven Di Rosalba más de cerca de lo que los jóvenes imaginaban. Es una de las novelas que he leído mejor escritas a distintos niveles, y el antagonista podría estar en mi top de villanos favoritos de la literatura perfectamente.
Con la siguiente recomendación hago un poco de trampa porque, veréis, no se publica hasta finales de mayo. ¿Pero qué hay de aquellos lectores que nos hemos gastado el dinero ya por anticipado? Algunos que, solo una vez al mes, podemos permitirnos un libro de segunda mano y que hacemos verdaderos esfuerzos por comprar uno nuevo de vez en cuando. Pero la causa lo vale, porque La colina de los sueños es una de las novelas más bonitas que he leído. Fue mi primera historia de Machen y todavía recuerdo ciertas sensaciones residuales que dejó tras de si la lectura. Porque otros habían convulsionado mi mundo, pero Machen hizo que ese cambio tuviese un porqué. Así, La colina de los sueños trata sobre la existencia de un joven llamado Lucian que desde pequeño muestra una clara preferencia hacia la cultura clásica de una manera tan excelsa que acaba creando su propia tierra mágica, una ciudadela romana. Pero no es si no una mujer la que años después le inspira a dar forma al mundo a caballo entre la realidad y el sueño, la humilde Annie, de la que Lucian cae profundamente enamorado. Yo solo espero que alguien se guarde el dinero para La colina de los sueños en mayo, porque de verdad vale la pena, y más con Valdemar.  
Por último recomiendo uno de mis relatos favoritos de terror, escrito por Mary Wilkins Freeman. El argumento es sencillo: algo parece suceder a los allegados de Luella Miller, y todos terminan muriendo por razones muy concretas. No puedo desvelar más pero Freeman esboza en su relato un argumento interesante y hasta cierto punto rompedor, creando atmósferas sobresalientes en medio de la Nueva Inglaterra rural de principios del XX. El relato lo podéis encontrar en español en la antología Vampiras, pero en inglés también os digo que es muy asequible y anda por ahí en una edición ilustrada preciosa.
Nos vemos, y no compréis demasiado 💜 .

martes, 4 de abril de 2017

Huckleberry Finn y sus aventuras con el "nigger"

Con casi un millón de puntuaciones en Goodreads, Las aventuras de Huckleberry Finn parece constituir una de esas novelas que cualquier crío debe leer durante su infancia, y lo cierto es que en mi caso las historias de Mark Twain estuvieron bastante presentes durante este periodo de mi vida. Recuerdo con mucho cariño una adaptación cinematográfica de principios de siglo de Las aventuras de Tom Sawyer, la cual guarda una pequeña diferencia con respecto al resto de versiones, ya que en este caso los humanos son presentados como animales antropomorfos. Es una de las películas que con más cariño recuerdo y, en cierta manera, cuando leí El viento en los sauces evoqué las mismas sensaciones que experimentaba con el susodicho metraje. Así, seducida por este deseo de revivir mi infancia durante 2017, decidí leer las dos historias juveniles más afamadas de Mark Twain para descubrir qué había tras este producto cinematográfico.
Pero mi primera experiencia con el autor ha sido diferente a lo que había preconcebido una semana atrás, y lo cierto es que no ha sido una lectura que pueda calificar de agradable. Parte del problema se debe a que me ha sido imposible pasar por alto los aspectos de la obra que han envejecido lo suficiente para resultar ofensivos en la actualidad. Por culpa de esta serie de problemáticas las enseñanzas de la novela, todavía vigentes en nuestros días, que el autor misuriano deja patentes a través de su protagonista asilvestrado han quedado reducidas a reflexiones vacías. Por eso en esta reseña, más que mi opinión general, busco señalar en la medida de lo posible todos aquellos fragmentos que considero reprobables y comentar el porqué.

También considero que lo que voy a comentar a continuación sobre la novela es de interés actual. La gente blanca seguimos cometiendo los mismos errores más de cien años después de la publicación de Las aventuras de Huckleberry Finn, y la verdad es que no tenemos perdón, ni nos lo merecemos en realidad.
La obra, ambientada en la profunda Misuri de 1840, narra una serie de aventuras y desventuras protagonizadas por un niño llamado Huckleberry Finn. Hasta ahí todo correcto. El problema comienza cuando el autor introduce al esclavo negro de la señora Douglas, Jim. La grandísima problemática de esta novela es que el autor hace un intento de defender de las vejaciones a la gente de color y condenar la esclavitud, pero la carencia de documentación sobre la primera se hace patente conforme avanza la novela. Mark Twain se marca uno de esos famosos “peros” cuando una persona intenta desacreditar una lucha social y política. ¿Os suena el”yo no soy homófobo, pero no pasaría la noche durmiendo en la misma cama que mi amigo gay”? Pues todos los temas en torno a las personas de color están tratados de esta manera, y aquí podréis apreciar algunas perlas en la exposición de estos:
“—Me acuerdo. Te prometí no decirlo y no lo diré. La gente me llamará “despreciable abolicionista” por callarme, pero no me importa. No iré a decírselo a nadie. Es más, de todos modos no iré para nada...Cuéntamelo todo. […]. Comprendía que era inútil malgastar palabras. Es imposible enseñar a un negro a que razone. Y por eso le dejé”. Pág. 100.

¡Cuánto le había cambiado la personalidad! Ya lo dice el proverbio: “Dadle el pie al negro y se tomará la mano”. […] Ahí está ese negro, el cual he ayudado a escapar, y ya está decidido a robar sus hijos...unos chicos que pertenecen a un hombre al que ni siquiera conozco, que nunca me ha hecho daño... Me desagradaba oír a Jim de aquel modo. Mi conciencia seguía atormentándome, hasta que, por fin, me dije: “Todavía no es demasiado tarde. Me acercaré a la orilla y hablaré”. Pág. 110.

Supón que hubieras hecho las cosas bien y hubiese entregado a Jim, ¿te sentirías más satisfecho que ahora? “No”—me contesté—. Me sentiría mal, igual, exactamente igual que ahora. Entonces, ¿de qué sirve obrar bien, si obrar bien es desagradable y obrar mal no lo es? ¿Y si los resultados son los mismos?” Pág. 114.

Me pregunto hasta qué punto podemos justificar este tipo comentarios en una novela de finales del siglo XIX. He puesto los que he considerado más chocantes, desagradables y evidentes, pero quiero que tengáis presente que bajo este manto visible e indudablemente racista también hay mucho más, solo que interiorizado hasta el punto de que prácticamente no se puede ver. Así, Jim es presentado como un tipo con pocas luces, agorero y sumiso, y cualquier personaje de color que salga en la novela tiene las mismas actitudes que él. Esta caracterización de personaje no debe sorprender al personal, ya que en la literatura del siglo XIX, especialmente durante la primera mitad del siglo diecinueve, es bastante usual encontrarnos con novelas pobladas de personajes planos e insustanciales. Y la mayoría, como no, son mujeres blancas (clase media y alta), personas de color (hombres y mujeres) y criados blancos (hombres y mujeres).
Si ponemos en contexto los comentarios expuestos más arriba, descubrimos que el periodo donde con más fervor se buscó prohibición de la esclavitud en Estados Unidos fue desde 1831, extendiéndose desde Nueva Inglaterra hacia el resto del país, hasta el fin de la Guerra de Secesión, cuando final mente se prohibió ésta. Es muy importante clarificar, o más bien recordar, que en el Misuri de 1840 se permitía tener un sirviente negro sin que la posesión de éste reportara a los dueños problemas de ningún tipo con la ley o conciudadanos, un hecho que Twain aborda bastante bien hasta convencernos de cuan normal resultaba portar unos grilletes invisibles toda tu vida por el color de tu piel, y aprender a llevar esta certeza lo mejor posible, porque era lo que tocaba.

Pero con todo este potencial acumulado tras las innumerables experiencias del autor durante su juventud en Hannibal (Misuri) lo que no me parece normal es que, ya a finales del siglo XIX, Twain no muestre una postura más o menos clara en contra de la esclavitud. Hay una dualidad de opinión respecto a las personas de color muy casposa que se inclina más hacia el lado negativo. Remitiéndome a mis anteriores juicios, creo que ni él tenía claro su opinión sobre este tema,y así queda reflejado en esta novela. Así que volviendo a lo que nos ocupa, ¿justifico de algún modo los comentarios racistas de Twain? Pues la verdad es que no, y además los condeno. No puede ser que en 1884 una obra sea más estrecha de miras que La caballa del tío Tom, escrita en 1852 por Harriet Beecher Stowe, autora que recomiendo muchísimo leer si os interesa el tema del abolicionismo y feminismo en Estados Unidos durante el siglo XIX. En la mirada blanca sobre la esclavitud también influye el lugar de procedencia del autor, y no es mi intención comparar las dos obras sin observar previamente las vidas de sus respectivos autores. Mientras que Stowe provenía del seno de una familia de Massachusetts de clase media que le permitió acceder a una educación bastante amplia bajo un sólido ambiente progresista, Clemens o Twain no pudo ni siquiera terminar la escuela. Sabemos gracias a su novela qué tipo de atmósfera social imperaba en Misuri de por aquel entonces, por lo que no me extraña que Twain viviera sus últimos años en un estado de Nueva Inglaterra. Y por ello, por este ambiente tan diferenciado, puedo comprender que las opiniones de ambos novelistas disientan en el matiz o en la forma en la que son emitidas al lector, pero lo que no puedo es reconocer a Twain un mérito que no tiene...y que además priva a personas, mujeres en concreto, del derecho a tener más visibilidad que él en un tema que está mejor tratado por ellas. Ojalá las dejáramos expresarse, ojalá recuperásemos a más mujeres negras que escribieron sobre su posición en la sociedad americana decimonónica, porque son ellas las que se merecen estar al frente, no un señor blanco con bigote que nada sabía de estas cosas. ¡Queremos más literatura al estilo de Elizabeth Keckley, Amanda Smith y Harriet A. Jacobs! Y queremos que las bisnietas de esclavas negras nos cuenten sus historias, no hombres ni mujeres blancas; los blancos debemos aprender cuál es nuestro lugar, y más en la literatura.
Mucha gente mayor, sobre todo hombres (como no), reprobará el hecho que disienta en la recomendación de Las aventuras de Huckleberry Finn a los niños. Siendo sincera, pienso que leer esta novela sin una razón académica es perder el tiempo, y fue la última razón por la cual me quedé a un tercio de finalizar la novela. Hay mucha más literatura infantil y juvenil clásica sin problemáticas de ningún tipo que ha sido olvidada o que jamás será traducida al español. Así que, padres del mundo, romperos la cabeza, enseñar a vuestros hijos qué valores no deben aprender y qué valores sí deben comprender y tener en cuenta toda su vida. No hablo en ningún caso de censura, es más, estoy a favor de que si vuestros hijos desean leer esta novela lo hagan, pero imponed vuestra figura paternal o maternal y señalad qué valores han quedado desfasados y qué acciones no han de perpetuar.
El primer paso para educar bien a nuestros hijos se inicia mucho antes de concebirlos; es en el momento en el que decidimos analizarnos y acabar con ciertas actitudes. Entonces es cuando comenzamos a estar capacitados como individuos para cambiar el mundo también a través de futuras generaciones.
Nos vemos 💜. 
portada: filipe fernandez

domingo, 19 de marzo de 2017

Ni lobo ni perro: Colmillo Blanco


Uno de los principales responsables de que haya percibido cierto progreso a la hora de saber qué quiero encontrar una novela es Jack London. Pero también gracias a él he contestado diversas preguntas sobre mi misma que imaginaba que quedarían sin respuesta más tiempo. Esas respuestas a veces han sido dolorosas, causantes de intensos ataques de ira que han logrado hacerme enloquecer por unos instantes, pero también hay ocasiones en que las respuestas han resultado ser esperanzadoras, llevándome con frecuencia a desear la sencillez de una vida que, en realidad, me resulta inalcanzable. Siempre me da la sensación que las contestaciones que London emite a sus lectores sobre la vida y las experiencias referidas a ella permanecen imbuidas de una sincera tristeza que surge de la incapacidad de conocer cómo nutrir el barro seco y agrietado del que están compuestos una minoría de sus acólitos. Este sentimiento es el mismo que experimento cuando analizo con profundidad algún aspecto de mi carácter y creencias tras interpretar sus palabras, y entonces sé que es demasiado tarde para moldear algunas partes de este trozo el barro que constituyo. Continuamente, London emite en Colmillo Blanco que aquellos que son enemigos de nuestras respectivas especies deben vivir lo mejor que puedan con esta certeza, y que esto en ningún caso ha sido por elección. Tampoco existen posibilidades de evitar el trauma a aquel que percibe con mayor habilidad que el resto del reinado de los hombres de que a este mundo se viene a sobrevivir, y la mayor parte del tiempo estamos solos en la selva. También London, un antiguo «dios de carne» convertido ahora en polvo, fue un enemigo para la gente de su tiempo. Buscó al igual que todos una forma de escapar de esto hasta el fin de sus días, pero sin lugar a dudas comprobó que no existían soluciones atemporales y efectivas para cesar esta lenta destrucción avocada a la locura pero que, cuerdos o locos, terminará por arrojarnos a todos a las fauces de la muerte. Y es que London siempre acaba imponiendo en sus historias la visión materialista en la que, miserables o mártires, todos convergeremos al mismo punto. Perfectamente sabemos, o conocemos, que tenemos un final común en este espacio construido sobre el gran Tiempo, así que ¿a caso algo de lo que he dicho importa? ¿A caso creéis que voy a caer en la necedad de aceptar el bárbaro idealismo que domina nuestros días, o en el desfasado espiritualismo de los viejos tiempos? Señores, yo digo que sigamos caminando a luz de gas en la oscuridad hasta que el fermento cese de serlo.
El mundo no era todo libertad, para la vida había ciertas limitaciones y restricciones. Estas limitaciones y restricciones eran la ley. Obedecerla era evitar el dolor y buscar la felicidad […]clasificó las cosas que dolían y las cosas que no dolían. Y después de aquella clasificación evitó las cosas dolorosas, las restricciones y los frenos para disfrutar de las satisfacciones y las recompensas de la vida”Pág. 75. 
En Colmillo Blanco, el autor analiza de manera minuciosa a través de la vida de un híbrido entre lobo y perro diversos aspectos de existencia de los seres, desde el miedo y la fascinación hacia aquellas cosas desconocidas y salvajes del exterior hasta la adquisición de la consciencia de individuo junto al dominio de inclinaciones naturales y deseos primigenios que el mestizo se niega a si mismo por otro instinto más poderoso, el de la lealtad, aquella que le une a los dioses compuestos de carne, envases de gran poder y odio, llamados seres humanos.
Reconozco que ha sido una lectura muy intensa de principio a fin, pues la evolución de Colmillo como individuo y todas las certeras verdades que el autor lanza respecto a su existencia no dejan de ninguna manera indiferente, un efecto que a mi entender debe resultar más impactante en la adolescencia. Pero la historia de Colmillo Blanco en realidad se inicia mucho antes de que el mestizo exista, antes incluso de que el instinto de reproducción aparezca en un viejo lobo endurecido por la vida y una perra que ha escapado de los indios. Así, London presenta en la primera parte a los futuros padres de Colmillo cuando, famélicos, echan al traste junto con otros lobos una expedición de dos hombres en las vetustas e ignotas arboledas de Canadá. El rastro de la carne es un capítulo muy interesante a distintos criterios narrativos y, además, es el que considero más revelador de esta primera parte gracias al impresionante despliegue descriptivo con el que London hace experimentar al lector la insignificancia de los seres vivos en un entorno hostil y desconocido que cada segundo lucha por devorar la vida en movimiento porque la detesta, porque para este otro tipo de vida la nuestra es extraña, anormal e indeseable.
No es necesario realizar ningún esfuerzo para creer en tales dioses [los seres humanos]; ningún esfuerzo de voluntad puede inducir a la falta de fe. No hay forma de huir de ellos” Pág. 109.
Podemos considerar la primera parte de la novela como una especie de relato, ya que a mi criterio funcionaría muy bien de manera independiente. Luego es donde yo considero que empieza el hilo narrativo que nos ocupa, es decir, el referido al cánido. En la segunda parte es cuando London deja de centrarse en lo general para pasar a lo concreto, la disección de los sentimientos de los lobos y sus respectivas conductas destacando siempre el papel que desempeñan cono individuos en manada o la estructura que nosotros calificamos de familiar. El autor empieza a hablarnos de la consciencia, un tema apasionante que, irónicamente, me resulta interesante desde cualquier perspectiva filosófica, siempre que esté bien expuesto, obviamente. Y, en este caso, como no podía ser de otra forma en London, es desde la perspectiva materialista. Enseguida aparece en instinto de individualidad en el pequeño Colmillo, y se descarta al mismo tiempo cualquier pensamiento intangible que no esté estrechamente relacionado con lo cognoscible. En ningún momento de la novela Colmillo se pregunta quién era antes de nacer o qué será después de morir, ya que tampoco sería lógico teniendo en cuenta el casi inexistente nivel de humanismo del animal. Aprovechando al límite la naturaleza de su protagonista, London explora los distintos juicios a través de la tercera persona, opiniones irrefutables que podría emitir cualquier materialista de la época del californiano, solo que este último lo combina con su precioso estilo y maestría a la hora de analizar sensaciones y sentimientos, logrando un grado de realismo apabullante.
La vida vive de vida. Se encontraban los que devoraban y los que eran devorados. La ley era: devorar o ser devorado. Él no formulaba la ley de forma tan clara ni establecía los conceptos ni moralizaba. Ni tan siquiera pensaba en esta ley; tan sólo vivía la ley sin pensar en ella” Pág. 92.
En la tercera parte de la novela es la más trabajada, sin embargo, la que más me gustó a mi fue la cuarta, y ahora comentaré el porqué. Cuando la vida en el bosque se hace insostenible, Colmillo Blanco se integra en un poblado indio nómada en el que descubre con más profundidad algunos sentimientos que ya había conocido en sus primeros paseos buscando alimento y diversión, pero otros muchos sentimientos, sobre todo los negativos, los adquiere por primera vez entre los aborígenes. Apunta London certeramente al principio de la tercera parte que los seres humanos son lo desconocido materializado en carne y hueso. Los dioses de carne ejercen su voluntad sobre los débiles, porque la realidad es que consideramos a los animales herramientas o artilugios que podemos destrozar, pisotear y golpear cuando es necesario para seguir viviendo nosotros. Colmillo sabe perfectamente que renunciando a una parte de él y dejando que la posea su dueño indio, Castor Gris, está procurándose más posibilidades de sobrevivir que en el bosque, ya que hay más posibilidad de supervivencia entre aquellos que tienen que elegir una razón para destruir una herramienta que en la selva boscosa, a la cual no le importa que la vida en movimiento muera, de hecho lo desea, porque al devorarla perpetua su ciclo de la vida.
A. Ayerbe

El mundo se muestra cruel, feroz y mortal para Colmillo Blanco, no se puede cambiar aquello que ha nacido para para destripar, comer y seguir corriendo. Es la ley natural de los seres vivos, así que Colmillo acepta esta certeza sin saberlo, y se une a la matanza porque no hay elección; lo único que puede hacer es ser el mejor según lo que el medio le ofrece. Finalmente, Colmillo Blanco se convierte en el perro más fuerte e inteligente de todo el asentamiento, eliminando de forma gradual todas sus debilidades. Al final de la tercera parte es un perro violento, solitario y hosco que se mueve por pura inercia de vivir; no conoce el amor, e incluso la paz es un concepto ajeno para él. La lealtad solo permanece dentro de él porque con ella puede acceder al calor de una buena hoguera, grandes dosis de carne y la venganza satisfecha al llevar ocasionalmente un derramamiento de sangre de sus viejos enemigos de la infancia.
Para las criaturas simples, el bien y el mal es algo que puede ser entendido con facilidad. El bien se encuentra en las cosas que reportan comodidad, satisfacción y la superación del dolor. Por tanto, a todo el mundo le gusta el bien. El mal se encuentra entre las cosas que están ellas de dificultades, amenazas y dolor, y es repudiado en consecuencia” Pág. 167.
Así llegamos a la cuarta parte, en la que se produce un cambio en el origen del poder al que le debe lealtad Colmillo Blanco. Es en estas páginas cuando vemos la humanidad más corrompida, donde con mayor facilidad comprobamos que el ser humano utiliza todo lo que está vivo y puede matar para sus innobles beneficios, que ahora van más allá de la supervivencia. London hace una tremenda crítica al maltrato animal desde una perspectiva novedosa y rompedora para la época. Lo más parecido a lo que London realiza en la cuarta parte es la novela Belleza Negra de Anna Sewell, donde la autora realiza una gran labor de concienciación hacia los pésimos cuidados que procuramos a nuestros animales. Pero Sewell escribe su novela intentando cambiar el pensamiento general en un tono amable y sencillo, London nos ataca con brutalidad de Colmillo en las peleas ilegales y sin pelos en la lengua, nos llama de todo a los seres humanos mediante el personaje de Guapo Smith, y luego hace su crítica airada. Intenso, auténtico y único; ese es el maldito Jack London y sus magníficas historias.
Geoff Taylor

Con la culminación de la brutalidad entra en la historia el buenazo de Weedon Scott, y con él esta adopta un cariz más amable y tierno, y es por otras cuestiones que la quinta parte se convierte en mis páginas predilectas. Como con El lobo de mar, me pasa que siento que las cosas podrían haber desembocado en un punto más dramático, pero London prefiere mantener un dramatismo medio hasta el final a riesgo de excederse demasiado. Esto no me parece mal, de hecho para mi es preferible que quede así a romper todo el drama con un exceso del mismo, y es digno de admirar cómo Colmillo Blanco mantiene siempre una regularidad en la intensidad dramática. En la última parte se produce una deconstrucción, aunque London no cae en la absurda idea de que el barro puede volver a moldearse con la misma facilidad cuando ha pasado tanto tiempo seco. Esa idea la mantiene presente hasta el final, y me pareció el broche perfecto para cerrar una vida tan inolvidable como la del mestizo.
Para mi Colmillo Blanco es una novela que habla de aquellas cosas que nos causan incertidumbre a los seres humanos, y de aquellas que a los jóvenes nos trae especialmente de cabeza. Algunos no sabemos qué nombre poner a estos extraños pensamientos, pero están ahí, retándonos, y alguna a vez han sido la causa de más de una noche en vela. Por eso animo a profesores y padres a que hagan el favor de que sus hijos lean esta novela para que las preguntas que se formulen nuestras próximas generaciones no queden sin respuesta. ¡No veo el momento de recomendarle a mis futuros hijos que lean a Jack London! Cada tema de Colmillo Blanco sigue siendo de interés actual, y con más de cien años a sus espaldas no ha envejecido ni un pelo.
Y durante todo aquel tiempo, la loba permaneció sentada sobre sus ancas sonriendo. La batalla la alegraba de alguna extraña forma, ya que aquello era el amor en lo salvaje, la tragedia del sexo del mundo natural que era tan sólo tragedia para aquellos que morían. Para los que sobrevivían no era una tragedia, sino un logro y un éxito” Pág. 52.
Si sois los que como yo no teníais pensado leerla jamás, os prometo encontraréis una historia de la que podréis sacar grandes enseñanzas para afrontar el día a día con más sencillez y humidad, y que, cuanto menos, os hará reflexionar. Aquello que siempre deberíamos buscar en la literatura.
Nos vemos 💜.
portada: foto del maravilloso félix rodríguez de la fuente y un lobo