domingo, 19 de febrero de 2017

Tres novelas de H. G. Wells

Siendo franca, estoy realmente sorprendida de la rapidez con la que mengua mi pila de libros del pequeño propósito que decidí llevar a cabo durante 2017. En esta ocasión dejo a Edgar Allan Poe criando malvas por el continente austral para traer mis humildes comentarios sobre tres de las cinco novelas más afamadas del británico H. G. Wells: La Máquina del TiempoLa isla del doctor Moreau y, como no, El hombre invisible.

Empezamos por La Máquina del Tiempo (1895), una relectura muy esperada. Yo ya había leído esta novelilla de H. G. Wells a finales de 2014 sin enterarme de casi nada, si bien es cierto que la obra amenizó un par de clases de filosofía cuando ocultaba mi ejemplar tras el librillo de Platón.
Por si alguien no conoce las líneas generales La Máquina del Tiempo, trata sobre los viajes de un caballero a través del futuro de la humanidad. En una de esas visitas llega a conocer una humanidad muy distinta a la que él había preconcebido, seres enanos de con una consciencia mínima que viven imbuidos de una artificial atmósfera hedonista y pacífica. Pero bajo ese manto de vulgar inocencia viven unos seres un poco más perspicaces, corrompidos por el odio y la hambruna, errantes bajo el manto terrestre hasta la caída del sol.
Leer esta obra dos años después ha supuesto reencontrarme con ideas que  no entendí  en 2014 y que, ahora, me parecieron tan sencillas de comprender que en más de una ocasión despertaron una sonrisa nostálgica. A mi parecer esta novela de Wells contiene muchas virtudes, es indiscutible que La Maquina del Tiempo rebosa de entusiasmo por descubrir, crear o dar un nuevo enfoque a la existencia humana; aspectos que en gran medida han desaparecido en este siglo. 
El enfoque de la historia junto con la fuerza creadora que impulsó a Wells a escribir La Máquina del Tiempo no tiene como objetivo ofrecer un alegato optimista respecto a la humanidad. De hecho, Wells no concluye de forma positiva ninguna de las novelas que he leído hasta ahora de él. El positivismo es un invento de Occidente gestado durante la segunda mitad del siglo XX y parte del XXI para hacernos creer que los finales felices son metas alcanzables.
Es cierto que si se analiza La Máquina del Tiempo desde mi perspectiva, una prosaica lectora del 2017, se nota que ha envejecido y le han salido bastantes canas, pero la repercusión que tuvo y sigue teniendo en la literatura, y la honda influencia en autores posteriores (Olaf Stapledon; La última y la primera humanidad) me incapacitan para puntuarla negativamente, además de que está el hecho de que yo la he disfrutado bastante. Puede que como puntos negativos debamos destacar el ritmo desigual y los personajes de cartón-pluma, esbozados de manera muy vaga, pues ello dificulta en gran medida que el lector pueda implicarse en gran medida en el conflicto principal. No es un aspecto que llegue a molestar demasiado, aunque claro, todo depende de qué busque el lector de la historia, en mi caso al ser una relectura sabía perfectamente lo que deseaba encontrar.
Todos los ruidos humanos, el balido del rebaño, los gritos de los pájaros, el zumbido de los insectos, el bullicio que forma el fondo de nuestras vidas, todo eso había desaparecido. Cuando las tinieblas se adensaron, los copos remolineantes cayeron más abundantes, danzando ante mis ojos. Al final, rápidamente, uno tras otro, los blancos picachos de las lejanas colinas se desvanecieron en la obscuridad. La brisa se convirtió en un viento quejumbroso. Vi la negra sombra central del eclipse difundirse hacia mí. En otro momento sólo las pálidas estrellas fueron visibles. Todo lo demás estaba sumido en las tinieblas” Pág. 112.
Desde luego, La Máquina del Tiempo no es una obra que deba compararse a lo que se escribe actualmente en el género de la ciencia ficción, al menos eso es lo que pienso yó. Precisamente lo que más me gusta de la novela es que ha cumplido con el humilde y franco objetivo por lo que fue escrita: hacer que el lector deje de lado todo lo que ha creído hasta ese momento, e imagine. 
Ya como últimos apuntes sobre el texto recuerdo al lector que Wells cuando escribió La Máquina del Tiempo no pretendía crear una novela ciencia ficción, reitero que ese termino ni siquiera había sido inventado cuando el caballero puso punto y final a su historia; como novela científica o de anticipación despierta el “sense of wonder”, y yo no le pido más en ese aspecto. Gracias señor Wells por construir una historia increíble incluso llevando ese horrible bigote, que para mi es una prueba indiscutible de una creciente y preocupante falta de principios morales.
Pasamos a la última novela que leí de Wells, que es La isla del doctor Moreau (1896) si seguimos el orden de publicación original. La novela se inicia con el naufragio del buque Lady Vain en el que Edward Pendick viaja con intención de realizar investigaciones científicas en el sur. Es rescatado, ya a punto de morir de hambre y sed,  por una goleta propiedad de un capitán borracho y pendenciero que asegura que el hombre que ha salvado la vida a Pendick, un tal Montgomery, le ha arruinado su medio de vida. Cuando la goleta llega a una isla de los mares del sur el capitán abandona a Pendick a suerte, pero la compasión de Montgomery por el supervivente del Lady Vain lo lleva a tomar la decisión de traerle a la isla en la que vive junto al extraño doctor Moreau. A partir de entonces Pendick será testigo de las más grandes y terribles visiones grotescas, la oscura traslación a la realidad de la imaginativa amoralidad de un hombre de ciencias.
Interesante novela y propuesta, pero en el conjunto deja una sensación agridulce causada por la falta de ritmo de la primera parte. Hay escenas brillantes por las sensaciones sugeridas, como es el momento en el que Pendick corre por la orilla del mar seguido de un animal; es ciertamente de las escenas más tensas e incómodas que he leído en mucho tiempo, pero si reflexionamos sobre su finalidad no aporta gran cosa a la trama. Su única función es generar tensión, una sensación que ya había sido recreada con anterioridad mediante la atmósfera que imbuye la isla. A La isla del doctor Moreau le hubiesen podido recortar treinta páginas yendo al quid de la cuestión en vez de pararse en un par de teorías sin ningún fin, y tengo la sensación de que, de haber obrado así, el elemento científico hubiese resultado más impactante. También he de decir que a nivel personal el elemento “científico” no me acabó de convencer demasiado, incluso ahora sigo viéndolo desfasado, inverosímil y artificial, que unido a la difusa estructura de La Isla del doctor Moreau provoca en lector una falta de implicación en la narración bastante importante.
Dedico los días a la lectura y a los experimentos de química, y paso muchas noches claras en el laboratorio de astronomía. El brillo de las estrellas me produce, aunque no sepa cómo ni por qué, una sensación de paz y seguridad infinitas. Creo que es allí, en las vastas y eternas leyes de la materia, y no en las preocupaciones, en los pecados y en los problemas cotidianos de los hombres, donde lo que en nosotros pueda haber de superior al animal debe buscar el sosiego y la esperanza. Sin esa ilusión no podría vivir” Pág. 131.
Pero que eso no mengue vuestras ganas de adentraros en la historia, pues los aspectos estéticos y la generación de sensaciones son sobresalientes. Además se percibe que H. G. Wells empezaba a mejorar su narración porque los personajes ya no son arquetípicos, llevan a cabo actos con matices blancos o negros, todo se torna más subjetivo, el lector puede reflexionar mucho más sobre las decisiones de los personajes. ¡Da que pensar el por qué Montgomery se comporta con esas criaturas así, y lleva al lector a que indague en el pensamiento de los personajes introduciendo algunas nociones básicas de filosofía! La reflexión final, sacada de la mente de un materialista, cierra como buenamente puede puede una extraña historia con sus más y sus menos que se deja apreciar un poco más tras dejarla reposar.

Por último añado mi breve comentario sobre El hombre invisible (1897), que es la novela de Wells que más me ha gustado hasta la fecha. Como la película de ciencia ficción de serie B que adoras hasta la saciedad pero que poca gente sabe apreciarla como se merece, El hombre invisible es mi I married a monster from outer space. La novela, con una trama en realidad bastante sencilla con su consiguiente (y logrado) flash-back, cuenta la historia de un hombre que tras una serie de experimentos logra hacerse invisible y, como buen humano que se precie, ejerce allá por donde pasa el poder destructivo del que le ha dotado la invisibilidad y amoralidad.
En esta ocasión tenemos una novela científica con una ejecución sobresaliente de principio a fin en la que Wells ha dejado atrás los grandes defectos de sus anteriores novelas para regalarnos una narración deliciosa, excepcional; preciosa. El ritmo de esta novela está mucho más equilibrado, contiene partes con más acción y otras más introspectivas, y el resultado es casi ideal. El problema que veníamos comentando de Wells con los personajes, siempre con esa tendencia a quedar planos (la trama nunca demanda un ejercicio más introspectivo, por lo que tampoco debemos montar un drama al respecto) en este caso desaparecen con el protagonista, es decir, el hombre invisible. Griffin me parece un personaje logrado y con relativa profundidad,  un gran científico endurecido no solo por su condición de invisibilidad, la cual le ha llevado a sufrir toda clase de miserias y vejaciones. Existen razones de peso por las cuales Griffin se convierte en un auténtico científico chiflado más allá de la ingestión de productos nocivos en su afán por ser invisible, y me refiero a su contexto familiar para ser más exactos. La habitación rentada durante sus investigaciones es el único lugar en el que se siente cobijado. La realidad le hastía, el amor romántico es un mito al que solo le dedica un comentario cínico en toda la novela; es normal, yo también comprendo su visión de las cosas.
El elemento científico es el más logrado de las tres novelas, sabemos que no es posible la invisibilidad, sin embargo, en la exposición de la idea Wells resulta tan brillante que podemos llegar creer en ello. De nuevo aparece el  “sense of wonder”, y la imaginación emprende el vuelo sin dificultad, no tiene la necesidad de hallar corrientes de aire que la ayuden a mantenerse en el cielo...hasta el fin de la eternidad.
Esta carta anuncia el primer día de Terror. Dile a tu coronel de policía y al resto de la gente que Port Burdock ya no está bajo el mandato de la Reina. Ahora está bajo mi mandato, ¡el del Terror! Éste es el primer día del primer año de una nueva época: el Período del Hombre Invisible. Yo soy El Hombre Invisible I.” Pág. 133.
¡Pobre Griffin! Buscas una razón para volver a ser visible y al mismo tiempo necesitas dominar un mundo de necios y paletos que se horrorizan por cualquier cosa. Llega a ser tan exagerada esta faceta de todos los personajes secundarios que no puedes evitar preguntarte si Wells lo hizo queriendo, y si lo que pretendía era burlarse de una especie que ya de por si provoca risa su mera existencia.
Por último os comento que El hombre invisible cuenta con una adaptación de 1933 bastante decente aunque no excesivamente memorable. Lo mejor de ésta es el principio cargado de tensión en la posada The Lion's Head y, como no, el silencio de Claude Rains en la cama de hospital. Es el duelo que guarda un hombre que ha sido vencido por la brutalidad de una civilización que camina entre las estrellas y otros cuerpos, tal vez vivos o tal vez muertos, iluminada tan solo por una tenue luz de gas.
Nos vemos.

domingo, 12 de febrero de 2017

TEKELI-LI, TEKELI-LI: Narración de Arthur Gordon Pym


Empezamos con sabor un tanto agridulce esta serie de reseñas relacionadas con mi propósito de leer durante 2017 romances científicos esenciales. Como no, la disconformidad y debate han sido motivados en mi hogar por la lectura de la única novela que Edgar Allan Poe legó a la literatura, la famosa Narración de Arthur Gordon Pym, y que tantas opiniones dispares ha suscitado a lo largo de los siglos. Actualmente sigue siendo objeto de numerosos vilipendios por parte de la crítica, y para la mayoría de entusiastas de los cuentos del autor se trata de un ejercicio poco memorable. Sin embargo no todos los lectores de Poe comparten esta opinión tan negativa de la obra. Por ejemplo, yo no.
Durante el transcurso de la lectura he sentido que la Narración de Arthur Gordon Pym tiene elementos potenciales y atmósferas que a día de hoy pueden seguir perfectamente maravillando u horrorizando, dependiendo de cuán impresionable sea el lector, y por eso Poe sigue y seguirá siendo un autor clásico de la literatura de terror. Pero por desgracia, y bajo mi criterio, este ejercicio imaginativo sí que se ve eclipsado por la pobreza con la que el autor entrelaza las escenas, el aporte insustancial o innecesario de información, la desigual estructura, la arritmia generalizada del texto y la carencia de un final. No obstante, la combinación de los errores técnicos con la fuerte personalidad que desprende el estilo de Poe no da como resultado una novela decepcionante. Es cierto que está muy lejos de ser perfecta, sin embargo, para mi logra un resultado óptimo si observamos el conjunto desde lejos.
Lo he grabado dentro de las colinas, y mi venganza, sobre el polvo dentro de la roca” Pag. 198
La Narración de Arthur Gordon Pym se inicia con el testimonio de un caballero anónimo, el cual más tarde recibirá como seudónimo el nombre y apellidos de Arthur Gordon Pym. Este hombre tras vivir una inusual experiencia en la terra australis retorna a su hogar en Nantucket con una serie de historias a cada cual más inverosímil. Un grupo de caballeros de Virginia, interesados en su visita por aquellas tierras inexploradas, en especial un tal Mr. Poe, piden amablemente al superviviente que les detalle sus experiencias y las publique en la revista Southern Messenger. Pero ante la falta de ganas del aludido para hacer una crónica Poe prepara una ficción muy cercana a aquello que le sucedió al tal Pym por el Sur.
La verdad es que esta novela es bastante peculiar en su especie, ya que no es un simple diario de viajes en el que el autor difumina gradualmente los límites de la lógica y el raciocino hasta que el lector se halla inmerso en una novela de características muy distintas a la carta de presentación dada. Desde el principio yo creo que en las páginas de la Narración de Arthur Gordon Pym hay semioculto un elemento fantástico, que el lector percibe como poderoso al mismo tiempo que ignominioso, y que de alguna forma dirige el destino del protagonista y la nave en la que Arthur se encuentra en calidad de secuestrado, y más tarde de náufrago. La cosa incluso parece decidir quién es el perdedor de ese juego de los palillos cuando el hambre está consumiendo la cordura de los supervivientes del bergantín. De igual forma traza su horrible designio de quién debe morir aplastado por un derrumbamiento rocoso del continente austral. Es cierto que E. A. Poe tiene a su favor que ahí puede jugar con la dualidad hasta llevar al lector a cuestionarse si realmente subyace algo durante toda la narración o si se trata de casuales conveniencias del guión y lo que estamos haciendo es reinterpretándolo todo. Por mi parte me inclinaré siempre más por la primera opción aunque no descarte la segunda.
Sí, largamente suplicamos, desesperados, que aquellas silenciosas y repugnantes figuras nos ayudaran, que no nos abandonaran para que terminásemos siendo como ellas, que nos recibieran a bordo de su nave. Estábamos enloquecidos de horror y desesperación, enloquecidos por la angustia de tan espantosa decepción”. Pág. 95. [Aquí Poe y yo nos reconciliamos...brevemente].  
Es una novela con una construcción realmente notable en cuanto a las sensaciones sugeridas en algunos momentos de la historia, en concreto me refiero durante la parte más realista de la historia, el naufragio del Grampus. Me fascinó observar cómo el estado emocional y físico de cada superviviente degenera hasta convertirlos a todos en muertos en vida, desesperados por un poco de agua y alimento. En especial lo que más impresión causa es el vivo deseo de satisfacer sus necesidades vitales y que los lleva a cuestionarse si realmente vale la pena realizar ese acto deleznable para sobrevivir...con terribles consecuencias, por cierto. Todo el naufragio del Grampus resulta bajo mi criterio lo más logrado del relato, pues es la única parte en la que yo diría sin reticencias que este autor es todo un maestro en lo suyo. Provoca terror sólo con la verosimilitud con la que narra esta serie de vivencias.

Pero a partir del rescate de las gentes del Jane Guy los fallos comienzan a ser cada vez más evidentes hasta que en las últimas páginas rozan el despropósito. El personaje de Arthur Gordon Pym pierde credibilidad, y al constituir uno de los puntos más positivos de la novela hasta entonces es lógico que afecte drasticamente en las impresiones del lector. No se puede estar tan entusiasmado con ir al Sur habiendo visto perecer a tantos hombres. Además creo recordar que después del rescate no hay ni una mención a los hechos acaecidos en el Grampus, y es ilógico teniendo en cuenta todas las cosas que sucedieron allí y que sobrepasan el limite de la moral y la ética humana.
La credibilidad del personaje principal y otros secundarios no es lo único que me ha sacado de la obra en diversas ocasiones, también la falta de ritmo durante la aproximación a las tierras australes ha sido latente. En este momento de la historia, cuando Poe ofrece información cartográfica sobre los últimos descubrimientos respecto a este desconocido continente en el siglo XIX, toma unos derroteros que me hicieron cuestionarme más de dos veces si eliminando estas partes la narración seguiría aportando lo mismo ya que ni siquiera era interesante como cultura general. Hay una obra ligeramente inspirada en la novela de Poe que peca de volver a explicar lo ya explicado, de recrearse en lo inimaginable para aprovechar cada segundo de tensión, pero al menos no falla en este sentido. Poe ofrece información sin ningún objetivo en la trama, y eso para mi es uno de los fallos más gordos que una persona de letras puede cometer.
Asimismo, ese chubasco de información parece extinguirse cuando navegamos por las cálidas aguas de la Antártida. Comienza a haber una falta de información enorme sobre absolutamente todo, y deja varias incógnitas sin responder que se refuerzan el efecto de encontrarnos ante una narración vaga y soporífera. Me molestó bastante que Poe dejara morir su narración, realmente había potencial suficiente para escribir una novela decente añadiendo cien páginas más. Si bien es cierto que nunca hubieran convertido a Narración de Arthur Gordon Pym en la obra en canónica del autor, al menos pertenecería al grupo de narrativa más recomendada de Edgar Allan Poe. 
Largo tiempo nos entregamos a la más intensa desesperación, que nunca podrán imaginar aquellos que no se hayan visto en una situación semejante. Estoy seguro de que ningún accidente de los que pueden ocurrir en el curso de la vida humana se presta a provocar una angustia mental y física tan horrorosa como el entierro en vida que acababa de agobiarnos. La oscuridad, las tinieblas que envuelven a la víctima, la espantosa opresión de los pulmones, los sofocantes vapores que exhala la tierra húmeda, unidos a la atroz convicción de que se está más allá de toda esperanza, y que se comparte la suerte reservada a los muertos, sumen el corazón de la víctima en un horror, en un espanto inenarrable e intolerable, que no puede concebirse” Pág 168 [Este fragmento es digno de ser colgado en la pared].
Respecto a la documentación y lo que convierte realmente a la novela en un precedente del romance científico tampoco ha supuesto una grata (y gran) sorpresa. Como he dicho anteriormente, los últimos escollos son insalvables incluso mostrando rigurosa y específica información naval y cartográfica. Mary Shelley, otra precursora del romance científico, en 1816 ya había situado a su creación más allá del Cócito del continente austral, mientras que Poe en 1838 juega con la idea de que allí vive una raza de gente negra, muy salvaje por cierto, y que hace un calor mediterráneo. Me parece un grave retroceso imaginativo el creer que allí abajo hay un clima tan benigno, y no me hizo ninguna gracia que intentara presentarlo como algo que podría darse en la Antártida. 
Luis Scafati
Por el contrario la breve escena en la que se abren paso a través de pequeños icebergs y grandes masas de hielo si que la disfruté bastante. Rompiendo una lanza por Poe matizo que el final es pasable si no reflexionas en profundidad sobre qué leches está sucediendo, y me refiero a cuando Pym y compañía huyen de los negratas en una canoa fabricada por otros negratas más inteligentes que los negratas tontos mataron, porque sí, Edgar Allan Poe no disimula sus creencias racistas en ningún momento. No juzgo nada de lo que ha escrito Poe en base a sus creencias xenófobas porque estamos en 1837, pero es un dato que considero que debe señalarse de igual manera que se hace con otros autores clásicos hasta el límite de lo pueril.
El cocinero negro, que era un monstruo demoníaco en todo sentido, y que ejercía entre los tripulantes una influencia quizá superior a la del mismo piloto, se negó a escuchar ninguna proposición de este género, y varias veces se levantó para continuar su tarea en el portalón”. Pág. 50.
Sus brazos y piernas estaban arqueados de la manera más extraña, dando la impresión de carecer de toda flexibilidad. La cabeza era igualmente deforme, de enorme tamaño, y tenía en la coronilla las mismas muescas o marcas que suelen tener los negros; era completamente calvo”. Pág. 50.
...Dirk Peters, Seymour, el cocinero negro; Jones, Greely, Hartman Rogers” Pág. 68.
No puedo finalizar esta reseña sin mentar dos obras consideradas en la historia de la literatura continuaciones de Narración de Arthur Gordon Pym, y son La esfinge de los hielos de Jules Verne y En las montañas de la locura de H. P. Lovecraft. De la primera poco se más allá de que el carácter de la novela es aventurero, muy en la línea de Verne, y que se aleja bastante de lo preconcebido Poe; seguramente salga un globo aerostático por allí. En cuanto a la segunda, sé que es una novela corta de un escritor norteamericano que no conozco de nada y que tiene mala pinta así en general, por lo que poco puedo deciros... [risas]. La verdad es que pese a que la novela corta En las montañas de la locura esté considerada como una especie de secuela o continuación no parte de la misma base que la historia escrita por Poe. Lovecraft le dedica a a su autor favorito una historia con algunas referencias aquí y allá por ser este su mayor fuente de inspiración durante su niñez y parte de su adolescencia, pero nada más. Repito, nada más.
Concluyendo, Narración de Arthur Gordon Pym es una novela que a pesar de mostrar una serie de ideas que resultan atractivas en un principio se ve dominada injustamente por un ritmo desigual y lagunas en la narración importantes. Pero vamos, que la leáis porque es impresionante.
Nos vemos💜.
portada: shipwreck of the minotaur, turner

domingo, 5 de febrero de 2017

Twin Peaks Book Tag

Después de terminar el revisionado de Twin Peaks consideré necesario rastrear este tag del ultra recomendado blog de Cris, She can read, porque desde que publicara la entrada me picó la curiosidad por la serie, la cual hasta ese momento me había sido bastante indiferente ya que pensaba que el conflicto principal, tonta de mi, eran los escarceos amorosos ignominiosos o prohibidos de diferentes parejas. Pero a principios del año pasado deje de retrasar el momento y vi Twin Peaks, pero tras terminarla sentí que no podía formarme una opinión concreta hasta volverla a revisionar. Este año, cogiendo el toro por los cuernos, he vuelto a ver Twin Peaks y solo puedo reiterar mi opinión de 2016 y confesar abiertamente que es una serie con una ejecución notable en la que, a mi criterio, priman más los pros que los contra. Siendo sincera, hay pocas cosas que me sigan gustando tras verlas o leerlas por segunda vez y me alegro de que Twin Peaks no entre en la lista de esas series que pierden el encanto tras conocer el destino de los personajes y el desarrollo de la trama. En parte creo que es debido al detallismo que el director vuelca en cada segundo del metraje, a las escenas con diálogos sin sentido aparente, a las atmósferas cambiantes en un mismo espacio, a esos personajes excéntricos que nos llegan al corazón, y, como no, a los elementos desconcertantes, extraños e imposibles de olvidar sustraídos de la atípica imaginación de un genio como es David Lynch. Este tag que auna la literatura con la serie de los noventa por excelencia (junto con Expediente X) me pareció muy original dentro de su ámbito, así que lo he traído al blog como excepción. Ya sabéis que prefiero entradas con más contenido.

(Cherry Pie) Un guilty pleasure. Mi mayor guilty pleasure es..., bueno, cualquier novela que haya escrito Louise Cooper. Es la única escritora que tiene la capacidad de evitar que me levante del sillón una tarde entera porque sus historias están muy bien ejecutadas a todos los niveles: personajes, trama, escenarios y estructura. En una ocasión incluso llegué a replantearme instalar un urinario en el sillón para no interrumpir la lectura de su magnifica serie ÍndigoPero la principal razón de que Louise Cooper constituya mi único guilty pleasure en la literatura es porque cuando leo cualquier historia de ella me embarga una necesidad muy real de leer la continuación, y así hasta acabar leyendo dos o tres novelas seguidas fácilmente. ¡Una maravilla de autora! P.D.:¿Será una señal que empiece por una escritora que se apellida igual que el protagonista de la serie?
(Damn Good Coffee) Un libro totalmente adictivo. Para no repetirme más que el ajo con la Cooper esta vez voy a elegir a mi maravilloso y querido Jai Bulgákov y su novela más afamada, El Maestro y Margarita. Es una obra maestra estilística y endiabladamente original que hará las delicias de cualquier lector que desee reírse un rato y le molen los los rusos, el vodka, los gatos parlantes y las setas. Por cierto, ¿alguna vez he comentado mi amor a primera vista por cualquier platillo con setas? En general si tu mundo interior es hermosamente grotesco no podrás despegarte de las páginas de este clásico soviético.
(Diane) Un autor que nunca falla. A riesgo de sorprender al personal con esta confesión, el autor con el que estoy más en consonancia me siento en cualquier aspecto literario es H. P. Lovecraft. Su narrativa y poesía a día de hoy, después de releer algunos textos tantas veces que me los sé de memoria (alguien debería grabarme cocinando huevos fritos y narrando Celephaïs), me siguen pareciendo únicas tanto en los aspectos negativos como en los positivos. Jamás habrá hombre en la tierra que supere la arrolladora pasión  que él experimenta por la literatura y la escritura.
(Donna) Un libro que rompió tu corazón. Hay muchos libros que podrían entrar en esa categoría, pues soy de corazón débil. Y no precisamente tienen por qué ser narrativa, como es el caso de Voces de Chernóbil, pero para dar un poco de diversidad de contenido del blog elijo Doctor Zhivago de Boris Pasternak. Tampoco es que este drama entre guerras me dejase indiferente, y más teniendo en cuenta el final de todos los personajes principales, especialmente el de la preciosa Lara.
(Los búhos no son lo que parecen) Un libro que sorprende y desconcierta. Cualquier historia de Shirley Jackson entra de pleno en esa categoría, especialmente La maldición de Hill House. Esperaba una historia muchísimo menor a Siempre hemos vivido en el castillo pero me sorprendió mucho la ejecución de la historia y el final. Impresionante.
(The Black Logde) Un libro que te hace enloquecer y no para bien. Cuando pienso en mi pasado como seguidora del culto secreto de literatura-juvenil-cuya-única-finalidad-es-la-consumición-masiva-de-la-misma tengo ganas de servirme de cualquier objeto punzante y clavarlo en mi tórax. Por suerte de estas cosas se sale obligando a la mente a leer textos ajenos a cualquier sucia empresa capitalista. Ahora puedo decir que soy una persona rehabilitada con alguna que otra excentricidad literaria sin importancia.
(Pulgares arriba) Un libro que te hace pensar que todo saldrá bien. Sin dudarlo ni un segundo elijo El corazón es un cazador solitario de Carson McCullers. Nunca te fíes de Lula Carson McCullers aunque haya creado al ser más bonito de la tierra, o sea, John Singer. He dicho.

(El baile de Audrey) Un libro hipnótico. Las vírgenes suicidas de Eugenides es una novela que se adecua bastante a la personalidad de Audrey y a su comportamiento al principio de Twin Peaks. El misterio que gira en torno a las chicas de Eugenides, no sé, de alguna forma sientes que en la voz narrativa ha espolvoreado un poco de misterio surrealista, muy necesario para esta historia añado.
(Lady Leño) El libro más WTF. Pensando mucho mi elección creo que el libro que más me ha sorprendido hasta el punto de dejarme sin palabras fue el final de La hija del veterinario de Barbara Comyns. ¿En serio alguien se esperaba lo que sucedió? De todas formas fue una novela que disfruté muchísimo y que recomiendo bastante a cualquier amante de la buena novela gótica.
(BOB) Un libro que da mucho miedo. No suelo pasar miedo con los libros de terror porque disfruto del horror, especialmente del humor negro que siempre hay implícito en este tipo de narraciones. Pero hubo una excepción, una novela de misterio que me provocó bastante incomodidad, y se trata de Diez Negritos de Agatha Christie. Supongo que resolver los asesinatos en la oscuridad de una noche de verano no fue una de las mejores ideas que he tenido. También hay otro texto que me produjo un poco de miedo, el relato precedente de la novela de The Moon Pool de tito Merritt. Cuando imagino la sensación de estar dormido y despertar escuchando el sonido de unos tambores bajo tierra sabiendo que, técnicamente, no hay cuevas debajo me embarga una sensación de vulnerabilidad muy fuerte.
¡Y eso es todo! Espero que os animéis a ver Twin Peaks y que difundáis la palabra de Cris.
Nos vemos 💜.

domingo, 29 de enero de 2017

¡Leamos romances científicos!

A finales de 2016 me preguntaba si era posible que hubiese pasado otro año más sin leer a H. G. Wells y a Jules Verne, y la respuesta fue afirmativa. Confieso que no me siento especialmente culpable de tener casi la veintena y no haber leído a los dos autores apropiadamente, pues ambos constituyen esa selecta parte de la lista de pendientes cuyo único objetivo es hacer bulto porque sí-existen-películas-completísimas-para-que-leerlos, y sé, lectores de este siglo, que algunos también los tenéis en la lista por el mismo motivo. Pero desde que floreció mi instinto maternal por aquellas cosas que están en el límite de ser olvidadas he practicado cada vez más el “si está muerto, pues al maletero”, así que he decidido volver al asilo una vez más a por unas cuantas viejas glorias. Tampoco tenía pensado hacer una entrada sobre esto, pero cuando propuse a mi pareja leer lo más importante de Wells durante 2017 compusimos una lista kilométrica de relatos y novelas de Shelley, Wells, Verne, Poe entre otras damas y caballeros que, bueno, no alcanzaríamos a conseguir finiquitar ni aunque él leyera la primera mitad de la lista y yo la otra mitad.
Para empezar, ¿qué es el romance científico? Por extraño que parezca es un concepto que todavía no he visto claro en ninguna fuente que haya consultado para trazar esta definición. Como siempre, tendemos a pensar que las historias de los principales exponentes del movimiento son “el canon” y trastocamos el concepto clave. Mencionar antes de nada que el romance científico es la antigua nomenclatura de lo que hoy en día conocemos como proto-ciencia ficción, y no podemos designar las obras de este periodo como“ciencia ficción” a secas porque de hecho no lo son. Dicha desinencia sería inventada posteriormente, a finales de los años 20, por Hugo Hernsback. Entre las características más destacadas de este tipo de novelas que empezaron a aparecer a mitad del siglo XIX encontramos la eterna cuestión de cuál es el futuro de una sociedad al servicio de los nuevos descubrimientos científicos. Como podréis deducir la novela científica (otro apelativo para referirse al romance científico) contiene una relativa erudición, habiendo de todo por supuesto, pero gran parte de romances suelen abordar y recalcar bastante temas filosóficos, sociales y políticos. Según el país de procedencia y década del siglo XIX en los romances prevalecen unos temas a otros. En general el XIX es un período que, además de gozar de peculiares variantes en los temas, dispuso de un amplio abanico inexplorado de ellos: tecnología, biología, arqueología, paleontología, ect. Los autores de novela científica cuyas historias son más reflexivas y profundas suelen mostrarse pesimistas en sus juicios y conclusiones, lo que al mismo tiempo confiere a los protagonistas un modelo de conducta y carácter alejado de los arquetipos de otro tipo de romances científicos más proclives a la aventura, amables y blandos, entre cuyas filas podemos encontrar personalidades tanto en Europa (H. Rider Haggard) como en Estados Unidos (Edgar Rice Burroughs), ambos pertenecientes a los inicios del folletín. Actualmente, de los romances científicos cogen inspiración la mayoría de textos clasificados como steampunk”,“retrofuturistas” u otros subgéneros con tintes anacrónicos pero con un tono y valores indudablemente de este siglo.


Dicho lo que a mi criterio y experiencia es un romance científico, y no pretendo imponer mi concepto del mismo a nadie, paso a comentar las novelas elegidas. En primer lugar, The last man, título que no tenía pensado leer este año pero por alguna razón a finales del año pasado acabé llegando a unos datos relacionados con la literatura de Mary Shelley. Cual fue mi sorpresa que hasta entonces la sombra de Frankenstein me había impedido ver una producción literaria curiosísima, y en esta penumbra se encontraba la joya, The last man. Sé que no es una novela en la que cualquier lector esté dispuesto en invertir su tiempo porque, siendo sinceros, si lo que busca es una novela de ficción especulativa seguramente The last man logre adormecer o soltar alguna que otra risa sardónica al lector medio de este siglo. Yo no busco en The last man credibilidad en el hecho de que una plaga pueda acabar con la humanidad, lo que quiero es que Mary Shelley demuestre que meterse en la piel de un hombre solitario que lo ha perdido todo es como revelar una ramificación de si misma.
Tres novelas de Wells constituyen uno de los pequeños pilares de mis lecturas de 2017, en concreto he escogido las que considero más importantes, sin intención de minusvalorar La isla del doctor Moreau, Los primeros hombres en la luna, El alimento de los dioses o sus relatos en la línea de fantasías futuristas. ¿ Y qué decir de Wells? La verdad es que es un autor que si se le coge el truco resulta enriquecedor y profundo, y aunque La Máquina del Tiempo no me parezca una obra tan compleja como cuando la leí en 2014 si que es una novela muy imaginativa y "adictiva". Como he terminado La Máquina del Tiempo hablaré de ella con más detenimiento en la reseña, pero todavía no sé si la publicaré en la ficha de Goodreads o haré una reseña conjunta con La guerra de los mundos y El hombre invisible.
Por otro lado está Verne, autor que no he leído anteriormente, por tanto lo que oculten sus historias todavía resulta un misterio para mi. He elegido dos obras suyas que tal vez no sean las más idóneas para empezar pero tampoco creo que sea lo más adecuado comenzar por las mejores producciones. Tras leer estas dos obras espero dar una oportunidad a 20.000 leguas de viaje submarino, la novela de Verne que la critica considera más lograda.
No podía faltar un clásico entre las novelas del romance científico como es la Narración de Arthur Gordon Prym de Poe, autor con el que irónicamente no me llevo muy bien. La verdad es que mi relación con Poe es de las más tormentosas en cuanto autor-lector, ya que intento que me gusten sus relatos por todos los medios pero cuando termino con alguno me quedo muy defraudada, y no se bien por qué. Esta novela dicen que es para lectores fanáticos de Poe, por lo que intentaré no poner los ojos en blanco cinco veces en la misma página ni morir en el intento. Y como sé de uno que la va a disfrutar más que yo colgaré sus impresiones para disimular que soy una buena persona (en el caso de que no me guste absolutamente nada, que lo veo poco improbable. Aunque ya lo dicen, nunca digas de que este agua no beberás). 
Nos vemos 💜.