domingo, 10 de septiembre de 2017

La pasión desatada: Anna Karénina


Si pensámos en una historia que resuma la segunda mitad del siglo XIX ruso indudablemente nos viene a la mente Anna Karénina. Antes de leer la novela me preguntaba hasta qué punto consideraría certera esta afirmación, y mientras leí Anna Karénina reconozco que mostré bastante escepticismo. Pero varias semanas después de terminar la novela vuelvo a preguntarme por centésima vez si es cierto que Anna Karénina es una novela tan representativa, y mi respuesta es , que realmente es la novela rusa decimonónica. No niego que sigo pensando en cómo una novela que a penas supera las mil páginas puede mostrar tantos aspectos de una época y al mismo tiempo contener tanta universalidad. Es cierto que este punto me lo cuestiono más con Crimen y Castigo, pero también con Anna Karénina. No es parte crítica de la novela sino la emocional la que transforma a Anna Kárenina en un clásico, es ésta la que suscita nuestro entusiasmo lector y nos mueve a hacernos preguntas de toda clase. Porque todos hemos amado con la violencia de Anna o la inocencia de la princesa Kitty, y hemos sido arrastrados a un estado febril al perder a la persona amada; todos hemos sentido en algún momento que han jugado con nuestras emociones; todos hemos experimentado la sensación de flotar en vacío al creer avanzar un camino sin retorno, en un sendero en el que parecían aguardarnos tan solo las penas, y la alegría era una mera ilusión. Todos, todos hemos alumbrado la posibilidad quitarnos la vida antes de seguir. Es la cara negativa de vivir.
Empecé este libro a principios de septiembre del año pasado y lo finalicé a mitad de agosto de 2017 con la consiguiente relectura de la parte que leí en 2016. Es una novela que gana con relecturas, pero aún así no puedo decir que Anna Karénina sea la mejor novela rusa que podéis leer, porque yo misma lo siento así. De manera objetiva os diré que es de lo mejorcito que podéis brindarle a vuestras mentes, pero si me pedís una opinión sincera os diré que no, y ahora veréis la razón.
Bajo mi punto de vista, la novela contiene dos tramas principales y diversas subtramas. Por una parte las más importantes: la infidelidad de la esposa de un alto funcionario petersburgués y el drama amoroso de un joven terrateniente de ascendencia moscovita con la hija menor una de las familias aristocráticas más importantes de Moscú, la princesa Katerina A. Shcherbatsky. Mucho se ha discutido sobre si ambas tramas son completamente independientes o si dependen la una de la otra, y en mi opinión la trama de Anna Karénina está subordinada en gran medida a la de Konstantin Levin, es decir, que la existencia del personaje de Anna no tendría una verdadera justificación si Konstantin Levin no existiera, al menos tal y como planteó Tolstói este complejo tinglado al principio. Porque Anna es un personaje secundario que tiene una importancia justa hasta que Vronsky, su futuro amante, abandona el cortejo de la princesa Kitty, personaje del cual está enamorado Levin, por la conquista de Anna. Así, para mi la historia de Anna “giraría” en torno a un núcleo común, Levin, lo que no quiere decir que en una visión general de la obra la trama que más relevancia contenga sea la de Konstantin Levin, pero también depende de qué califiquemos como relevante. Si hablamos de la crítica al sistema jurídico rural y al sistema educativo del campesinado, entonces apuntamos dos tantos a Levin. Pero si hablamos de sentimientos y de lo que es ser una mujer apasionada en una sociedad hipócrita y frívola, entonces apuntamos a Anna Karénina. Todo depende del prisma, y Anna Karénina, como clásico universal que es, se puede ver desde diferentes puntos de vista. En cuanto a las subtramas, para mi dependen del personaje con el que estén relacionadas. La trama de la familia Oblonsky, los Shcherbatsky, la de Nikolai Levin y la de Sérgei Koznishev dependen directamente de Levin, mientras que la de Alekséi Karenin y la del conde Alekséi Vronsky dependen completamente de Anna. 
Como podéis suponer es bastante complicado hablar toda esta dramatis personae. Hay tantos y tan variados personajes que si intentara comentar aspectos de todos me quedaría en simples calificativos que podría aplicar a cualquier personaje de cualquier libro, por eso me quedo en los personajes más relevantes de la novela. 
Anna es el personaje que más sentimientos encontrados suscita a los lectores, y si os soy sincera he comprendido gran parte de sus decisiones. No quiero decir que las justifique, digo que entiendo sus decisiones basándome en sus sentimientos por otros personajes y en su contexto personal y general (de la época). ¿Quién se atrevería a decir que no habría actuado de la misma manera en una situación similar? Anna es una mujer avanzada para su época, y es difícil ser así para una mujer incluso en el siglo XXI. Quedarse sólo con que a partir de su huida del hogar Anna solo se convierte en una mujer emocionalmente dependiente de un hombre mediocre y estúpido sería quedarnos con una imagen distorsionada de lo que realmente muestra Tolstói de este personaje al lector. Porque, claro, no podemos esperar nada más que aspectos negativos de una mujer que por puro egoísmo abandona a su marido y a su hijo, ¿verdad? Si ni siquiera el regente de la Moral en la Rusia de los zares pensaba así menos derecho tenemos el resto a quedarnos en juicios tan obtusos. Anna comienza a adquirir una educación a través del método autodidacta tras su huida, se convierte en una mujer culta, inmensamente superior a su marido y a su amante en todos los campos que tocantes el arte: música, pintura, literatura, ect. Y a diferencia del caso de Emma Bovary, con Anna podemos decir que su atractivo espiritual supera con creces el físico, porque Anna posee una sensibilidad impresionante que la lleva a ser idolatrada incluso por aquellos que saben que porta la marca del adulterio, de la ignominia, como Kostia Levin. ¿Y quién no se ha sentido alguna vez como Anna antes de quitarse la vida? Alguien habrá, sí, pero no soy yo esa persona. Anna Karénina no es un personaje que calificaría de feminista como tal pero promueve la emancipación femenina en una época en la que esto estaba a un nivel semejante al de afirmar que eras la concubina del Hombre Negro.
Casi como una antítesis del Anna Karénina está Konstantin Levin, el joven tímido e inocente que busca el amor de la princesita Kitty. Un personaje que suele resultar cargante e irritante pero con el que me he sentido bastante en consonancia. El gran problema de Konstantin Levin es la brusquedad o la violencia con la que expone sus juicios, su conservadurismo generalizado y su nula predisposición a “los cambios”, pero yo entiendo por qué se niega a cambiar. El problema es cuando toda Europa no comprende que la cultura rusa no es en esencia occidental y traza sus juicios sobre esta como el más pedante de los occidentales. Tolstói critica a la aristocracia que ayudaba o pretendía implantar un sistema europeo para gobernar un pueblo que espiritualmente no lo es. Tanto Tolstói como Dostoyevski sentían verdadero horror ante la evolución de las sociedades europeas, y no es para menos. Somos muy dados a juzgar lo de los demás en vez de mirar para dentro de nuestra casa donde la falta de sensibilidad, individualismo exacerbado y la falta de empatía nos han convertido en monstruos sin amor, desconfiados y solitarios. Pese a ser un ferviente seguidor de las reformas educativas de Jean-Jacques Rousseau, Tolstói fue muy crítico con el tema de la educación a través de su alter-egoTal vez el hecho de que prefiera a Levin por encima de Karénina es porque ella representa una sociedad aristocrática europeizada mientras que Levin representa fielmente el alma rusa ingobernable, pero también es porque Kostia tiene una personalidad más afín a la mía y hasta cierto punto es un caballero sincero consigo mismo, y así lo demuestra hasta el desastroso final, porque a eso vamos. 

En Levin está presente el arrobo que experimenta el ser humano redescubrir la religión, sentimiento que también imperó en Tolstói mientras finiquitaba esta novela. Es aquí donde reside aquello que me incapacita ver a Anna Karénina como una obra que podría representarme, porque el tono de moralina de Tolstói con este tema me parece tan autoritario, tan henchido de un orgullo injustificado que descoloca. ¡Como si creer fuera una cuestión de superioridad moral sobre los demás! Al final Tolstói se pone a la altura de aquellos ateos que empleaban el mismo tono de vulgar autoridad, y eso es precisamente lo que desprecio, esa autoridad que un individuo adquiere de la nada para juzgar las inclinaciones religiosas de los demás. Nadie debería creerse con ese derecho.
Tras estas dos personalidades contrapuestas están otras que soliviantan aquellos sentimientos violentos que puedas adquirir durante el transcurso de las páginas, o no; tal vez logran el efecto opuesto. Está la princesa Kitty Shcherbatsky, que personifica la inocencia en persona.  Me parece un personaje interesante, con una evolución bastante marcada, en el que pasa de ser una chiquilla sin a penas decisión a una mujer que en un núcleo familiar convencional adquiere su rol con suprema sencillez y responsabilidad, como un reflejo de cuando Dolly, su hermana, también asumió su puesto en la sociedad. Por otro lado está Vronsky, que es todo lo contrario a las  Shcherbatsky, un personaje de mundo que halla cierto disfrute en sus faltas bajo una existencia acomodada. En él parece como si Tolstói satirizara la figura del príncipe o el zar de los cuentos infantiles y mostrara el interior de éstos, describiéndolos comos seres frívolos, insensibles y vanidosos. Punto para Lev Tolstói! También en gran medida el cabeza de familia de los Oblosky es así. Además Stepán es de estos tipos que ni se planean las consecuencias de lo que están llevando a cabo, lo que despierta mi más profunda aversión e irritación. Y, por último, volviendo a un ejemplo correcto de buena voluntad y moralidad, tenemos a Aleksei Karenin, que es mi personaje favorito de la novela. ¿Por qué? Porque poca gente repara en él de verdad, porque Karenin no es solo el marido pusilánime y estúpido, es una victima de una sociedad de las apariencias. No solo Anna es víctima de ésto cuando decide cometer el adulterio, ella ya se casa con un hombre que es incapaz de querer y respetar al ser humano completamente porque lo han convertido en un monstruo sin amor. Internamente Karenin es todo lo que la sociedad desprecia. Un mecanismo de engranajes carcomidos por el óxido, contradictorio y cobarde. Me fascina este personaje porque a pesar de estar tan roto por dentro y ser tan débil psicológicamente intenta llevar una existencia lo más sencilla y feliz que puede amando su trabajo y su familia. Cuando puede amar lo intenta demostrar con cierta clase de afectos dirigidos su hijo, y más tarde al fruto de una unión fuera de su matrimonio con Anna que ni siquiera es hija suya. Increíble personaje que ojalá hubiese tenido un poquito más de importancia al final.
Pasando a aspectos más académicos, muchos afirman que esta novela es naturalista, pero no me lo parece ni remotamente. Tolstói se aleja mucho de las características propias del naturalismo, pese a que otros coetáneos puedan entrar en esta categoría desde luego yo niego que Anna Karénina sea una novela naturalista. Sé que a muchos les interesará saber el ritmo de la historia o la forma de escribir de Tolstói , y ya os digo que tiene un ritmo muy regular y es fácil de entrar a Tolstói a través de Anna Karénina
Concluyendo, Anna Karénina me parece una buena novela, y no sabéis lo complicado que me resulta aceptar esa pésima conclusión para una novela de diez. ¿Es una novela que recomiendo para iniciarse con la literatura rusa? Estoy segura de que nadie se va a perder leyéndola. Tiene tono sencillo, buen ritmo y la brevedad de los capítulos hace que la historia sea mucho más amena para aquellos que les cuesta bastante entrar en un libro. ¡Qué no os tire para atrás el número de páginas! Por mi parte ha sido una lectura muy instructiva, interesante y con la que he aprendido muchísimo tanto de mis propios sentimientos como de la cultura Rusa y su historia. Leedla (y releedla) en algún momento de vuestra existencia.

Nos vemos 💜.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Hombres de hierro y otros relatos del cuadritátero


Son muchas las preguntas que me ha suscitado este compendio de relatos pujilísticos de Robert E. Howard, y sé que entre ellas hay diversos porqués que jamás obtendrán una respuesta. Hay muertos que no se pueden traer a esta dimensión ni siquiera para tomar un café. Pero formulo estas preguntas, tal vez de índole más personal, a Robert E. Howard porque me gusta pensar en que llegará un día en el que lo encontraré vagando por un inmenso desierto en un sueño cualquiera. Y entonces, si la timidez me lo permite, podré preguntarle: “¿Por qué, Bob, por qué creaste a esos hombres extraños que sienten tanto pasión como rechazo por aquello que les hace vivir, para aquello para lo que la madre naturaleza les hizo respirar?” “¿Por qué a veces se me olvida, y tú me recuerdas, que estos hombres brutales tienen corazón? ¿Y por qué soy yo la que entonces piensa que no tiene corazón?”.
Hace muchos años Bob descubrió la metáfora de la vida implícita en el boxeo practicando durante su breve existencia este deporte, y pienso que ese fue el motivo que impulsó a Robert E. Howard a escribir estos relatos. Aunque, como es obvio, también hay que tener presentes sus intenciones comerciales, y es que Robert E. Howard considero los combates de boxeo un buen medio para hablar de este tema y otros (veladamente) y ganar algo de pasta en diversas revistas pulp. Claro que en aquella época los ciudadanos veían de una manera muy distinta el boxeo que las gentes de hoy. ¿Quién no ha calificado el boxeo como un mero acto brutal en el que resulta incomprensible imaginar que llegue a producirse un juego de sensibilidades entre los combatientes que no todos podamos llegar a entender? Es difícil no hacerlo cuando estás lejos de este mundo. Aun así, como una pequeña Carol Joyce Oates, he comenzado a sentirme fascinada por el boxeo y por las personas que deciden dedicar una parte de su existencia a practicarlo, tanto de manera profesional como amateur. Es elegir consciente el rechazo hacia la vida civilizada y sumergirte en la primitiva e indómita durante muchas horas del día, y eso es más que digno y honorable. ¡No me extraña que Howard se sintiera fascinado por este mundo sabiendo cómo era él! Por eso, cuando vi esta antología y la autoria de los relatos, no dude que tenía que leerlos, y mejor que fuera pronto. Y así hice.
Si uno manda a la lona a un tipo de cien kilos tras haberle golpeado en un lado de la cabeza con fuerza suficiente para dejarle K.O y no se rompe la mano al mismo tiempo, caben dos posibilidades: o es un hombre de hierro o un maldito embustero”. Pág. 132.

El tema central de la antología es la dureza y resistencia de unos hombres que parecen haber sido designados por el Mismísimo para el oficio pujílistico por su complexión física y mental. Pero antes nos ofrecen un prólogo de Eugenio Fraile bastante instructivo en la que pone en contexto el contenido de la antología a través de la vida privada de Howard, pero si excederse ni opinar sobre las decisiones u opiniones que tomó el autor en vida. Es un aspecto que os parecerá muy secundario, pero yo la verdad es que estoy bastante cansada de ver cómo cualquier mentecato calumnia y opina sin atender a razones sobre las vidas de los tres mosqueteros de Weird Tales. Así que esta introducción a los trabajos de Robert os recomiendo personalmente leerla. Además, cuando el señor Fraile habla del contenido de la antología y del trabajo de Howard lo hace de manera bastante objetiva. Eso por una parte; luego tenemos una especie de ensayo “relatado” en el que Howard habla sobre los hombres de hierro que realmente existieron y en los cuales se ha inspirado para crear a Mike Brennon, Kirby Karnes, Slade Costigan, Steve Harmer, Mike/Steve Costigan y un larguísimo etcétera. Toda una delicia para una neófita como yo de conocimientos e historietas del mundillo pujilístico que además ayuda bastante a entrar en la antología.

Mi impresión general con los relatos ha sido muy satisfactoria, sensación que se intensifica conforme avanzas con la susodicha antología. Ya lo comenté por Goodreads, pero es que Howard crea un universo muy interesante aquí. Y este efecto puede que se intensifique (como ha sido mi caso) si os interesa cómo Bob ejecutivamente desarrolla la tensión y el misterio a través de las acciones llevadas a cabo antes y durante el punto central del relato, que suele ser un combate. Veréis, no es que precisamente haya muchas novelas o libros de boxeo, y el poco contenido que tenemos en España traducido y editado hay que paladearlo bien (con criterio, por supuesto). Sentía bastante curiosidad por la estructura y el desarrollo de ésta, ya que Howard es bastante bueno creando atmósferas en otros géneros, pero me mostraba algo escéptica en como actuaría en el terreno realista. Es curioso, ¿verdad? No dudamos cuando un autor realista incursiona en la literatura especulativa...¿y por qué al revés sí? La antología, además de hacerme pensar en cuestiones relativas al oficio, me ha ayudado a revisarme un poco más.
A mi parecer Robert E. Howard trabaja mejor en historias pujilísiticas más extensas que breves. Un ejemplo muy ilustrativo es la historia primera historia, Cupido contra Pólux, la cual me dejó bastante fría por el tono casi impersonal de la historia y los tópicos pujilísticos tan mal administrados por el autor. Un tipo pierde un combate porque su juicio ha sido nublado por la atracción sexual que siente hacia una mujer. Y la moraleja es: “Chico, no te enamores nunca”. Me llamó la atención el tono patético del que dota a la narración Howard en los últimos renglones, como si el autor no se tomara en serio su propio relato, pero no salva el texto ni con el toque final. Aunque, por otro lado, tenemos una historia breve donde prima el personaje a la narración; se trata del relato de Ambrose Willow, alias El Sauce Llorón. Como he dicho, me gusta más a Howard trabajando en textos más bien extensos pero en este relato simplemente dice al lector: “Voy a hacer lo que me de la gana, y sé que te va a gustar”, y a mi me encantan este tipo de retos. El relato de Ambrose me pareció bastante tierno. A pesar de que resulte extraño o insólito esa son los calificativos más adecuados para describir mis emociones por ese boxeador. El personaje resulta ser un pujil de segunda con una extraña y curiosa afección: cuando boxea se echa a llorar, literalmente. No tiene muchos adversarios por este problema y carece de una pegada distintiva. Es un perdedor que le gusta boxear casi por diversión, porque se le da de auténtica pena. No es un hombre de hierro como tal, más bien un circo humano, pero su resistencia frente a los pocos adversarios es bastante alta a la media así que supongo que los editores consideraron que el mejor lugar donde integrar esta peculiar historia era esta antología. Y, claro, mi historia favorita por razones obvias: I love weirdos like me.
“—El hecho mismo de golpear a uno de mis semejantes me pone triste y melancólico”. Pág. 92 [Ambrose Willow, más cuqui y no nace]

Pero, para qué engañarnos, las historias que consiguen hacer despegar la antología y mantenerla en el aire satisfactoriamente son El hombre de hierro, Puños del desierto y Miedo a la multitud y El gancho de derecha. En El hombre de hierro un buen mánager descubre a un chaval que tiene una buena pegada pero está muy mal entrenado, Ese propone entrenarle pero Mike Brennon rechaza su ayuda porque, admite, se retira. Pero a los pocos meses busca a nuestro narrador, que acaba elevando a Brennon a la categoría de campeón. El problema es que el chico acepta demasiadas peleas por el dinero que le reportan. Surge toda una trama de conspiración y misterio muy bien llevada que eclosiona en algo que ya veíamos de lejos: una mujer. Aun con el hecho de que este sea un elemento predecible me gusta la manera en la que Howard lo lleva, muy distinta a Cupido contra Pólux. La exploración de la resistencia física Brennon es muy interesante, y la conclusión redonda. Luego tenemos Puños del desierto, que también me gustó mucho porque podemos ver que los mánagers no siempre buscan el bien para sus promesas, pero que al fin y al cabo siempre hay personas buenas que ven las injusticias y no les importa perder una pierna cuando piensan que vales tu precio en oro. El hecho que Kirby Kanes es el trasunto literario de Bob es bastante obvio. Miedo a la multitud es mi relato extenso favorito, la conexión que establece el pegador con su novia para liberarse de la presión constante que ejerce el público sobre él me parece digna de mención. Y es que básicamente de esto va el relato, y no se me escapa que aquí la verdadera heroína de la historia es Gloria. El gancho de derecha es el que menos me gustó de los extensos, ya que el protagonista se marca un farol para salvar la economía del hermano de la chica con la que está prometido amañando el combate, ya de por si amañado, y enfrentándose él al combatiente que supuestamente ha de ganar. Interesante pero me gustaron más Miedo a la multitud y Puños del desierto.
Cualquier hombre tiene que ocupar un lugar en la vida; su papel no era el de un hombre de hierro que luchaba no tanto por vencer como por llegar hasta el límite. Acabar el combate en pie representaba para él una victoria”. Pág. 58.

Ahora bien, una decisión que no entiendo que tomara La Biblioteca del Laberinto fue la de incluir poemas y fragmentos de ideas a medio cocer de Howard sin haber finalizado con los relatos en si. Bajo mi punto de vista convierte a la antología en un producto visualmente caótico y saca al lector de la dinámica que ha establecido con los relatos. ¿Que yo podría haber leído los últimos relatos antes de la poesía ahorrándome el sentido lineal? Sí, de haber sido informada el prólogo de que eran relatos completos del mismo tipo los anteriormente leídos. No he tenido en cuenta la ordenación de éstos para mi puntuación de la antología, pero creo que es conveniente advertir al futuro comprador de esto.
Los poemas pujilísticos son una parte fundamental para entender la relación especial que Howard estableció con este deporte. Me han despertado sentimientos diversos, el que más ha sido tristeza, tal vez porque Bob sentía una tristeza taimada por los hombres de hierro y sus destinos. Todos los poemas hablan o bien sobre la muerte o bien del dolor, pero también de la esperanza. Es como si hubiera un mensaje oculto que solo las personas indisolublemente atadas a este mundo pudieran entender. Mi favorito es Kid Lavigne está muerto, en el que Howard resume la carrera de este pegador en un puñado de versos. Kid es el hombre de la portada de esta reseña.
Tras los poemas tenemos una serie de fragmentos en los que podemos apreciar algunas ideas de Howard protagonizadas por Mike/Steve Costigan. Los he leído todos pero he decidido no puntuarlos ni opinar en detalle porque son simplemente ideas, muchas de ellas puede que recicladas en sus relatos inéditos o publicados. Y, siendo sinceros, no aportan gran cosa.
Por último tenemos un “grupo de relatos” que siguen la estela de los anteriores con nuevas aventuras protagonizadas por otros “héroes”. Dos relatos de Ace Jessel, el primer protagonista negro de Howard en esta antología, y uno de Jack Maloney, pegador venido a menos que ahoga sus penas en alcohol y trifurcas en antros. Los dos de Jessel están a un nivel narrativo por encima de algunos de los primeros. Ace Jessel es presentado como un bonachón y un gran artista en este deporte. Y La aparición sobre el cuadrilátero refleja bastante bien su carencia de instinto asesino del que muchos tipos hacen gala en el ring. Este relato, originalmente aparecido en Ghost Stories, combina un elemento sobrenatural con el sudor y la sangre habitual creando con maestría algo que yo describiría, cuanto menos, como insólito y original. Luego tenemos Traición, relato en el que Howard habla veladamente del racismo enraizado en su tierra, y relato el cual también disfruté muchísimo por esto mismo. No lo índica por ningún lado pero a mi parecer estos relatos son pertenecientes a los últimos años de vida del autor. Puede apreciarse una mejora de estilo, aborda otros temas además del obvio y los personajes son mucho más complejos. De verdad, una maravilla. Y con Siempre vuelven confirma lo dicho: Howard emplea la formula habitual pero le da un toque más personal en el que apreciamos sustanciales mejoras de estilo. Logra que la historia sea mucho más que un boxeador superando sus debilidades y excesos para acabar con una conclusión apoteósica.
Algunos tipos saben golpear, pero no saben boxear; otros saben boxear, pero no saben golpear”. Pág. 122.
Y ya que hablamos de las mejoras de estilo, dejemos clara una cosa: la principal intencionalidad de los relatos es entretener, por tanto no os esperéis un tono más elevado o distinto a la tónica habitual de Robert E. Howard. Hay mucha acción, muy bien llevada por cierto, y el estilo refleja las demandas de la narración. Por supuesto, me niego a llamarlo un “estilo pulp” porque no lo es, quiero decir, en el pulp encontramos historias de lo más diversas, y obviamente estilos diametralmente opuestos. No escriben igual Robert E. Howard que Abraham Merritt, ambos autores reconocidos en su época que amaban por igual las civilizaciones antediluvianas, pero en una comparativa rápida nos cercioramos que hay una un cambio más que obvio de registro, pese a compartir características. Ya es hora de tirar a la basura algunos prejuicios de la literatura de la Era Pulp, ¿no? 
En fin, creo que mis conclusiones finales son bastante claras en los aspectos narrativos. Sin embargo, más allá de ellos me pregunto si realmente merece la pena comprar la antología en relación a la cantidad de contenido que nos ofrece. Si os interesa el boxeo o los trabajos de Howard la recomiendo, pero si no os interesa ni lo uno ni lo otro no la compréis. Me parece poco contenido por el precio por el que se vende cada ejemplar. La traducción es decente, necesita alguna corrección aquí y allá, pero estamos hablando de una editorial pequeña que edita obras que interesan a una minoría muy pero que my reducida. Aprecio muchísimo el trabajo que hace La Biblioteca del Laberinto, realmente se nota que aman lo que editan, pero si vuestra economía es precaria y no os interesa demasiado el tema, no compréis la antología habiendo otras de Howard editadas por esta misma editorial que pueden brindaros más horas entretenimiento por un precio similar.
Estos relatos de Howard constituyen una manta de retales, pero, ¿y lo que aprendemos a apreciarlas en los días más duros del invierno?
Después de todo, ¿quién conoce las profundidades extrañas del alma humana y sabe hacia que cimas aparentemente sobrehumanas puede elevarse un cuerpo gracias a la mente”. Pág. 151.

Nos vemos 💜. 

miércoles, 14 de junio de 2017

Monjas y otras historias: Cuarto acercamiento al ovni

Hace más o menos un mes vi Plan 9 del espacio exterior, película de ciencia ficción que tenía pendiente desde hacía bastante tiempo. Sabía que el metraje me gustaría, pero lo que no supe prever es que el cine de Ed Wood se convertiría en casi una obsesión para mi. Así pues, las semanas subsiguientes al fatídico hecho he podido disfrutar de gran parte de la producción que circula por Internet de este cineasta. En parte fue motivada por este hecho por lo que deseé encontrar y leer algo que despertara en mi el mismo grado de fascinación que esas maravillosas películas que nos legó el señor Edward Wood Jr. Y para mi la respuesta a esa necesidad literaria fue el bizarro.
Uno de los motivos de que escogiera Cuarto acercamiento al ovni para iniciarme en el bizarro fue porque había visto muy buenas opiniones respecto a la prosa bizarra de Tamara Romero. Entonces me dije: “¿Y por qué no entrar en este género con ella?”.  Además leí por encima una novela corta disponible en su página web que me predispuso a no observar sus historias con el recelo usual con el que analizo la mayoría de la literatura de este siglo. Creo que desde el preciso instante en el que me cercioré que en las historias de Tamara Romero podía encontrar algo de lo que mi mente demandaba a gritos, acepté la prosa de la autora como una puerta hacia una dimensión desconocida en la que podría acariciar los últimos vestigios de convertir sueños imposibles en ficciones maravillosas. Y, la verdad, sentirme en consonancia con los textos de una autora que no está muerta es bastante agradable.
En esta antología hay relatos de lo más variopintos, para mi uno de los puntos más positivos de la selección. Como yo no sé de qué manera se suelen acercar los lectores al bizarro voy a decir que, bajo mi criterio, esta antología supone un grato acercamiento que no dejará indiferente a los que busquen literatura contracultural muy gamberra. Tras terminarla y reflexionar sobre ello he podido comprobar que el bizarro toma de verdad barreras estéticas, morales y literarias,  juega con ellas hasta dominarlas para utilizarlas a su antojo, y es algo que me fascina. Para mi es, además, un género que funciona perfectamente en ambientes de lo más dispares y bajo atmósferas muy distintas. Un género tal vez más presente en el tono de una historia que en los elementos en si, que ojo, no digo que esos elementos carezcan de importancia en el bizarro. Según lo veo yo, la importancia de éstos en una historia bizarra reside con mayor fuerza en la disposición y en la presentación de ese elemento.  Pienso que los lectores usualmente solemos dar  más importancia al elemento en sí que a la forma en la que se nos sugiere, un aspecto que por lo menos en mi caso siempre he tomado como algo más secundario (que esto también depende de los criterios y gustos de cada quién, claro). En la weird fictionficción extraña, por hablar de un género que también busca esa fascinación en lo extraño (aunque de manera diferente al bizarro), las historias están sujetas a otras leyes, se busca presentar elementos "complejos" al entendimiento humano. La aparición de esos elementos alejados de lo cotidiano son los que en gran medida intentan cerrar una de estas atmósferas e intentan despertar como buenamente pueden una serie de sentimientos y sensaciones en el lector. Pero bueno, a lo que voy es que todas las historias weird que he leído se demandan a si mismas una serie de requisitos que las llevan a amoldarse a unos estándares mucho más tradicionales, tal vez porque su origen es bastante previo el bizarro y fue bajo otras condiciones. Pero el bizarro la ventaja que tiene es que se pasa por el forro los límites, y es lo fascinante, porque es lo que para mi da al género un potencial inconmensurable. 
En el primer relato de la antología, Sabia serpiente, somos partícipes de un hecho un tanto sórdido: alguien le ha vuelto a enviar a Vívica Philo un ramo de flores murciélago, elección floral un tanto extraña desde luego, el problema es que es el tercer ramo en lo que va de mes y otro tipo de presentes menos estrafalarios y preocupantes han llegado a sus manos. El relato, que en parte gira en torno al descubrimiento de quién es este stalker, me pareció bastante entretenido cuando lo leí, pero poco más. El caso es que conforme han avanzado los días y he ido pensando en Sabia serpiente de vez en cuando he sentido que mi opinión cambiaba lo suficiente como para valorar otra puntuación. A pesar de lo escabroso que resulta el tema principal del relato, la atmósfera, la situación y los personajes me transmitieron bastante cercanía en una segunda lectura, y para mi empatizar con una historia y sus personajes sabéis es crucial, y este relato lo logra. Una buena narración, sin lugar a dudas.
El siguiente relato es el que da nombre a la antología, Cuarto acercamiento al ovni, mucho más largo y más trabajado que Sabia serpiente, aunque los dos me gustaron prácticamente igual. El tema es que llega una nave alienígena a la Tierra, y tras sobrepasar las medidas de seguridad reglamentarias para la especie humana y las presentaciones interplanetarias pertinentes, un grupo de escritores de ciencia ficción son invitados a charlar con la representante alienígena en la nave para establecer relaciones más estrechas entre especies. Se trata de un relato muy curioso, imaginativo a rabiar. Objetivamente es el mejor de la antología por abordar en él distintas cuestiones, entre las más importantes la referida al género, aunque también los aspectos sociales y literarios son bastante relevantes. Lo que más me disfruté del relato fue la sociedad alienígena que nos describe Tamara a través de Norma Bento y el final, muy inquietante.
El tercer relato, El aeropuerto en el fin del mundo, fue un goce para los sentidos porque me dio bastante para pensar. Como el título indica, estamos ante los últimos días de la Tierra tal y como la conocemos. La joven protagonista va a pasar sus últimos días de vida con su novio antes de que un meteorito mande a la humanidad al cenagal de donde no debió de haber salido. Como el novio reside por razones de trabajo en otro país decide coger un vuelo y pasar sus últimos días junto a él en una cabaña perdida en Fortaleza. Pero en el aeropuerto, poco antes de embarcar, empiezan a suceder cosas muy muy rocambolescas. Me gustó bastante como la autora lleva el tema apocalíptico en esta historia, una temática que volverá a repetir en el último relato de la antología, Empieza por Z. Este ¿género? no es el que más disfruto, de hecho, no siento un ápice de interés por este tipo de historias, pero la atmósfera inquietante, la imagen de ese aeropuerto que intenta conservar la normalidad administrativa, las monjas con hábitos marrones que se pasean por allí e incluso los comportamientos que la protagonista desarrolla tras ciertos contactos en esa atmósfera fueron una combinación absolutamente maravillosa que me metió de pleno en la historia. Sin duda, no es un relato que resulte fácil de olvidar, y mi favorito después de Empieza por Z.
Modelo ajedrecistaPantocrator y Cabalatrix ha abandonado el edificio fueron para mi los más flojos de la antología. ¿Resultan interesantes? Sí. ¿Imaginativos? Mucho. Pero tanto el conflicto principal como la resolución me dejaron bastante fría en los tres casos. Si tuviera que elegir entre los tres me quedaba con Modelo ajedrecista porque aunque no me despertó mucho entusiasmo en mi si que me pareció muy curiosa esa peculiar congregación con la que se topa la protagonista a horas intempestivas de la noche. ¡No dormir es la mayor ventaja de la existencia! Pantocrator me pareció una historia curiosa, muy estilo a un creepypasta que circuló hace unos años por Internet sobre una artista japonesa que tras terminar una pintura se suicidó. Es un cuadro perfecto que presenta el rostro de una joven asiática con la supuesta pecurialidad si lo miras durante cierto tiempo parece que cambia. El relato ya digo, me pareció curioso pero no me despertó ningún entusiasmo. Por último con Calatrix ha abandonado el edificio me sucede lo mismo que con Pantocrator. Me parece un relato interesante, el tratamiento del tema cyborg muy bien llevado, pero para mi no llegó a cuajar. Igualmente los tres relatos me parecen muy por encima del nivel que lo que yo suelo exigir a cualquier relato.
Y Empieza por Z, que para mi es el mejor porque: es pura fantasía, hay monjas que están bastante mal de lo suyo y hay catapultas tirando mierda todavía humana, creo. El relato trata sobre eso prácticamente, monjas de clausura que están bajo unas condiciones físicas muy especiales y que viven en el convento de las Histéricas (es genial esta autora, en serio) al margen de una sociedad que las odia por ser como son, y ellas les tiran mierda en catapultas para defenderse. He de admitir que fue aquí cuando decidí que me leería hasta las listas de la compra de Tamara Romero, porque vamos, ¡qué maravilla! Es un relato que aunque no tiene la principal intención de inspirar ternura a mi fue lo que más me generó, en especial la hermana Celeste con sus zetas maníacas. Solo por este relato merece la pena lo que vale en físico y en digital la antología.
En conclusión, Cuarto acercamiento al ovni es una antología de relatos interesantísima que acuchilla el corazón amortajado de los freaks que vivimos en subsuelo. Tamara Romero domina sus narraciones y los elementos que la integran, crea ese tipo de historias peculiares y especiales que solo cobran verdadera vida bajo el influjo de un poder que a la mayoría de mortales-lectores nos es desconocido. Creo, y lo digo con todo mi corazón, que estas historias no serían ni la mitad de buenas si no las hubiese escrito ella
Nos vemos 💜.

martes, 30 de mayo de 2017

Comenzar a ser: Las ensoñaciones del paseante solitario















Si reviso mis recuerdos recientes puedo revivir a la perfección la tarde en la que fui a la biblioteca y volví con Las ensoñaciones del caminante solitario de Jean-Jacques Rousseau. Nos dirigíamos mi pareja y yo a devolver La llamada de lo salvaje y un texto político de Maquiavelo cuando le comenté mis impresiones mientras paseábamos tranquilamente por un barrio residencial con aire británico de clase media. Así pues le dije a mi compañero que, aunque la primavera siempre me provoca una sensación de hastío, la temperatura y el sol de media tarde de aquel día no me impedían apreciar cómo la vida primigenia iniciaba sus andaduras otro año más. Imaginaba aquel momento dilatándose en el tiempo porque, además del grato ambiente, no había muchos viandantes, y cuando callábamos, éramos capaces de escuchar el viento agitando los árboles de un bosquete cercano. Aquellos minutos para vosotros carecerán importancia, pero los sentimientos motivados durante aquel paseo para nosotros fueron indescriptibles.
Tras depositar los libros prestados en la mesa del bibliotecario fuimos juntos a curiosear algunas baldas para compartir, entre susurros, superfluos comentarios sobre obras que conocíamos, cuando un título llamo fervientemente mi atención. Por una simple asociación de ideas entre “ensoñaciones” y “solitario” supe que debía hojear esa «novela». ¡Todavía no había ni apreciado al autor! ¿Cómo saber que eran unas memorias? Me hallaba libre de prejuicios y decidida a buscar en el libro las observaciones de un hombre cuya vida se hallara cimentada en uno de los múltiples reductos de las realidades del sueño y busqué con desesperada ilusión la autoría de aquel humilde ejemplar. Quedé gratamente sorprendida de encontrar una pluma del siglo XVIII, y casi al mismo tiempo recordé que había estudiado la obra de Jean-Jacques Rousseau en alguna asignatura durante la educación secundaria obligatoria. Pero como todos mis conocimientos de aquella época, Rousseau se hallaba bajo el manto espectral de la ignorancia. Él constituía en mi memoria un paciente fallido más del sistema educativo español, lobotomizado y añadido un libro de texto prostituido al gobierno de turno. ¿Fue con Las ensoñaciones... entre mis manos el instante que decidí iniciar seriamente un método educativo autodidacta y aspirar a tener opiniones propias? Tal vez Rousseau fue una pequeña gota en dicha decisión, sin embargo, fue cuando percibí de forma mucho más consciente el cambio operado, y en aquel preciso instante sentí ira contra todo el género humano, incluyendo mi persona. Estaba encolerizada porque había un caballero cuya obra debía conocer desde hacia años pero mi mente estaba completamente en blanco cuando pensaba en este hombre y su contexto. Una profunda sensación de repugnancia se implantó en mi estomago ante esa certeza, cada vez mayor. Era consciente de que todo un sistema educativo decadente se había burlado de mi a lo largo de mi corta existencia, y su broma pesada tenía más inquina de la que años atrás había percibido. ¿Cómo negarse a seguir constituyendo el objeto de su broma pesada? Me lleve Las ensoñaciones... a mi casa deseado algo que no sabría muy bien como definir.
Las ensoñaciones del paseante solitario están divididas en un total de diez capítulos que él denomina paseos, en los que Rousseau se limita a relatar sus caminatas, rememorar las reflexiones sugeridas durante sus salidas y a divagar con la perspectiva que solo la ancianidad dota sobre todas las cosas. Seguido de los paseos hay fragmentos de diversas cartas colocados a modo de aforismos y, por último, una miscelánea de textos, más una entrevista realizada a Jean-Jacques por Bernardin de Sant-Pierre.
Cuanto más profunda es la soledad en la que vivo, tanto más necesario es que algún objeto rellene ese vacío, y aquellos que mi corazón me prohíbe o que mi memoria rechaza son suplidos por las producciones espontáneas de la tierra, no forzada por los hombres, ofrece a mis ojos por doquier” Pág. 120. 

Durante el primer paseo Rousseau muestra su cristalina intención con las ensoñaciones. Pretende hablar de lo que acontecido después de que los intelectuales de la época (Diderot, Voltaire, d'Alembert...) le dieran la espalda. Así, nos hallamos ante dos niveles de lectura: expositivo, en cuanto a los hechos; redentor, en cuanto a los sentimientos implícitos en la redacción de éstos. Mauro Armiño, el traductor usual de obra de Rousseau editada por Alianza, hace en la introducción un interesante apunte en cuanto al carácter de las ensoñaciones roussenianas: “Y este ser lleno de fobias, de revueltas casi animales, instintivas, de delicadezas dominadas sólo por la impresión, por la sensación, ¿coincide con el hombre ilustrado?”. Realmente en el corpus literario de Rousseau hay una contraprosición, cuanto menos curiosa, de estilos y finalidad. Podemos distinguir dos visiones en él: ilustrada y prerromántica. La visión ilustrada domina por completo en su juventud, en los momentos más públicos e influyentes de su vida, mientras que la prerromántica surge en el ocaso, producto del aislamiento social entre otras cuestiones. En las ensoñaciones abandona cualquier aportación a la causa ilustrada y se aleja del acto de escribir para un público. Jean-Jacques busca en este instante conocerse a si mismo, pues «sentir» ya no se le antoja un acto ajeno. No busca dar una explicación racional a la congoja que le produce encontrarse espiritualmente a cientos de kilómetros del género humano, ni tiene intención de disculparse por la compasión que le inspira su pobre alma atormentada. «Al querer recordar tantas dulces ensoñaciones, en lugar de escribirlas volvía a caer en ellas», asegura Rousseau en este extraño duermevela. 
En su primera ensoñación ante todo prevalece la compasión que siente hacia si mismo, una constante que tendremos presente de una forma u otra en cualquiera de sus paseos, pero aquí, en el primero, donde más. Bajo un aparente rechazo de aquellos que tenía en alta estima en su madurez aparece una una necesidad de explicaciones, una demanda superior al control de las emociones; necesita, sin ser consciente, una exhortación por parte de sus nuevos enemigos para cesar la anulación que lo está consumiendo. Durante el segundo paseo domina la reflexión sobre la idea de soledad, convulsionada por un accidente, pero el sentimiento redentor sigue sin desaparecer, es más, parece hacerse acrecentarse. A veces me daba la sensación de que en cualquier momento explotaría, que Jean-Jacques diría lo que con dificultad escondía tras los manierismos y formulas dieciochescas. Pero, de pronto, cambia de tema. No quiere manchar con su corrupción a ningún ser inocente. Entonces es cuando el hastío hacia los seres humanos, en concreto hacia aquellos que intentan aprovecharse de él, domina la escena hasta el final de este ensoñación. En el tercer paseo Rousseau abre con cita de Solón, muy significativa porque nos deja claro que, aunque viejo, ahora es cuando realmente está aprendiendo a ser. Llegar a «ser» se transforma en el eje de todas las ensoñaciones porque, como decía antes, ahora es cuando Rousseau está aprendiendo a sentir, y ello lo lleva a revivir su juventud. Esta ensoñación esta dedicada casi exclusivamente a reflexionar sobre sus primeros años, y a ser crítico con las opiniones impresas de aquel periodo (también hace esta revisión, aunque de forma mucho más profunda, en los Diálogos y en Las Confesiones). El último párrafo cierra con otra mención hacia Solón revestida de una profunda admiración hacia su legado, que él se ve incapaz de equiparar, al mismo tiempo que confiesa que lo que busca es algo distinto a Solón. Anhela descubrir la virtud, y cree que es capaz de hacerlo a expensas de la sociedad. Por último, se cuida de que cada paso hacia este objetivo le acompañe un sentimiento de humildad, no el orgullo. En el cuarto paseo Rousseau reflexiona sobre la mentira y la verdad, con las que, a mi parecer, intenta justificar parte de sus malas acciones pasadas. La «buena» mentira tiene para Rousseau la intención de evitar el hastío al individuo, al igual que avivar y colorear los hechos, transformándolos en auténticas ficciones. ¿Y a caso no todos hemos obrado en alguna ocasión de estas maneras? 
Todo cambia en torno nuestro. Cambiamos nosotros mismos y nadie puede asegurar que mañana amará lo que hoy ama. Por eso todos nuestros proyectos de felicidad para esta vida son quimeras. Aprovechemos el contento del espíritu cuando viene; guardémonos de alejarlo por culpa nuestra, pero no hagamos proyectos para encadenarlo, porque esos proyectos son pura locura. He visto pocos hombres felices, quizá ninguno; pero con frecuencia he visto corazones contentos, y de todas las cosas que me han sorprendido ésta es la que más me ha contentado a mí mismo” Pág. 138.

Tras el cuarto paseo la naturaleza irrumpe en la escena, convirtiendo unas interesantes memorias de calidad incuestionable en un texto todavía más remarcable. Rousseau ya no se limita a hablar únicamente de aquello que le aflige sino también de lo que ama, y la unión de ambas cosas, combinadas con una conciencia más real del entorno gracias a esta delicada unión con la naturaleza, hace de las últimas cinco piezas textos con una belleza descriptiva y sensitiva, a mi parecer, equiparable a ningún escritor dieciochesco. Lo que Rousseau realiza en poco más de cincuenta páginas es imprimir su ser junto con su alma, ya anciana, y decirse a si mismo que no puede ser más de lo que es, que tiene limitaciones, pero que ha aprendido a valorarlas en su justa medida gracias a la botánica y a los paseos con los que ha anestesiado el padecimiento, reemplazándolo por la modesta alegría que le produce el análisis de la naturaleza y la música. Me sentí muy identificada en cada palabra de estas ensoñaciones.
Las plantas parecen haber sido sembradas con profusión sobre la tierra, como las estrellas en el cielo, para invitar al hombre por el atractivo del placer de la curiosidad al estudio de la naturaleza; pero los astros están colocados lejos de nosotros; se necesitan conocimientos preliminares, instrumentos, máquinas, larguísimas escalas para alcanzarlos y acercarlos a nuestro alcance. Las plantas lo estan, naturalmente. Nacen bajo nuestros pies y en nuestras manos por así decir, y si la pequeñez de sus partes esenciales las esconde a simple vista, los instrumentos que nos las hacen patentes son de uso mucho más fácil que los de la astronomía. La botánica es el estudio de un ocioso y de un perezoso solitario: un pico y una lupa son todo el instrumental que se necesita para observarlas” Pág. 119.

El flujo y el reflujo de aquel agua, su ruido continuo pero acentuado a intervalos, golpeando sin descanso mi oído y mis ojos, suplían los movimientos internos que la ensoñación extinguía e mi y bastaban para hacerme sentir con placer mi existencia, sin tomarme el trabajo de pensar. De vez en cuando nacía alguna débil y breve reflexión obre la inestabilidad de las cosas de este mundo, cuya imagen me ofrecía la superficie de las aguas; pero pronto esas ligeras impresiones se borraban en la uniformidad del movimiento continuo que me acunaba y que, sin ningún concurso activo de mi alma, me retenía hasta el punto de que, llamado por la hora y por la señal convenida, no podía arrancarme de allí sin esfuerzo” Pág. 90.

Así terminamos esta obra preguntándonos cuál fue el verdadero Rousseau, si el hombre que defendía a capa y espada el espíritu colectivo, es decir, el entusiasta ilustrado, o aquel caballero que buscó dentro de su ser y encontró la paz que necesitaba para acabar sus días de la manera menos miserable que los medios que tenía a su alcance le permitían. ¿Era este último solo un personaje creado para que la sociedad no lo tuviera como un ser envilecido por la frivolidad de la sociedad francesa del siglo XVIII? Para mi no es justo ni moral opinar sobre actos concretos de la vida de los demás, y menos de aquellos que no están despiertos en el mundo vigil y que guardo en alta estima por diferentes cuestiones, por eso no voy a empezar a llevar a cabo ese tipo de acciones ahora. Tan solo me limito a lanzar esta pregunta para aquel lectur que  si ha llegado hasta este punto de la reseña se pueda cuestionar si merece la pena responder a esa pregunta. ¿Realmente es necesario leer estas memorias pensando que son las ficciones de un hombre anciano? ¿De verdad buscar una respuesta simple para resumir una cuestión compleja es lo acertado siempre? ¿Por qué no confiar en que lo que dice Rousseau es cierto, simplemente porque él lo escribió con todo lo vivo que aún residía dentro de él?
¿Y cómo se puede llamar felicidad a un estado fugaz que nos deja el corazón inquieto y vacío, que nos hace añorar alguna cosa anterior, o desear alguna futura?” Pág. 91. 

Por mi parte, poco más que añadir a esta pequeña reseña de una obra titánica como son Las ensoñaciones del paseante solitario. Lo único que quiero dejar completamente claro es que no puedo analizar esta obra de Rousseau sin desvelar cosas que os pertenece a vosotros descubrir, sonreíros, conmoveros y apreciar. Hay mucho cariño puesto en las ensoñaciones, tanto por el traductor, Mauro Armiño, como por el propio autor. La dulzura que emana la entrevista final realizada por el noble Bernardin constituye el broche perfecto para una vida que, con sus faltas y altibajos, no podemos tildar inmemorable. Gracias, Jean-Jacques, por enseñarme a comprender lo que tú ya sabes.
Te quiero, viejuno.
Es la naturaleza la que curadecíano los hombres. En las enfermedades internas se ponía a dieta y quería estar solo, pretendiendo que entonces el reposo y la soledad eran tan necesarios al cuerpo como al alma” Pág. 209. 

Nos vemos💜.